INNtenseando: Buenos padres, padres buenos.

Sergio Dávila Espinosa

Por: Sergio Dávila Espinosa

El día de ayer se celebró en la mayoría de los países Latinoamericanos incluyendo México, el día del padre. Como es natural, las redes se inundaron con emotivas fotografías y mensajes de gratitud y reconocimiento a los miles de “mejores padres del mundo” por sus enseñanzas y bondad.

¿Pero qué es realmente ser un buen padre? ¿Es lo mismo que ser un padre bueno?

La expresión buen padre se referiría a aquellos que ejercen la paternidad de manera acorde con las cualidades que le atribuye su naturaleza, es decir presencia, cuidado, provisión, coherencia y testimonio. Mientras que padre bueno se refiere a caracterizar la paternidad por la natural inclinación a hacer el bien y ser amables con sus hijos. Evidentemente un buen padre no necesariamente es bondadoso; ni viceversa.

Seamos creyentes o no, todos hemos escuchado alguna vez la parábola conocida como “El Hijo Pródigo”, quizás una de las más famosas del Nuevo Testamento. Hoy les propongo amables lectores que volvamos a pensar en ella, pero no desde la óptica del joven que un día decide emanciparse, pide a su padre la parte de la herencia que le corresponde, se aleja, la despilfarra en diversiones y efímeras amistades; para finalmente, arrepentido, regresar a la casa paterna en busca de perdón.

Hace muchos años tuve la suerte de conocer a Antonio González Roser, autor de un extraordinario libro llamado “El Mundo, el Reino y la Iglesia” que me hizo deconstruir y reconstruir las enseñanzas y mensajes incluidos en las parábolas evangélicas, incluyendo “El hijo Pródigo” (Lc 15, 11-32) que Toño insiste en que la hemos mal-llamado y mal-interpretado, ya que el personaje central de la parábola no es el hijo que primero abusa de su libertad, después siente culpa y se arrepiente; sino el padre, que en sus actitudes manifiesta las características de la paternidad del Dios que Jesús pretende anunciar a sus escuchas. Por eso afirma que la parábola se debería llamar “El padre bueno”.

Cuatro son las características de esa paternidad bondadosa que se vuelven una guía o un reproche para quienes irrenunciablemente tenemos esta gravísima responsabilidad:

1) El padre RESPETA. No manipula, no chantajea, no impone su punto de vista ni su voluntad sobre la del hijo que le anuncia la decisión de salir de casa.

2) El padre ESPERA. No sale a buscarlo, a recuperarlo, a espiarlo a lo lejos, ni le manda con alguien lo que supone que podría hacerle falta. Desde la terraza fija la vista en el horizonte esperanzando en su regreso.

3) El padre PERDONA. Dice la parábola que sale corriendo a su encuentro y lo abraza ANTES de que éste diga una palabra en la que externe su arrepentimiento. Lo había perdonado mucho antes de que él lo pidiera.

4) El padre CELEBRA. En lugar de endurecer los límites, hablar de consecuencias o reprochar el mal uso de la libertad, espetando el odioso “te lo dije”, sabe aprovechar el momento para manifestar con alegría su sentir y reunir a todos en torno a esa dicha.

La parábola evangélica nos proporciona el retrato de un padre bueno. Un buen padre, además, hoy tiene la misión de acompañar a sus hijos para que éstos se desarrollen y maduren de acuerdo con su edad.

Para los niños más pequeños, de recién nacidos hasta los seis años, les brinda tiempo y ternura, proporcionándoles experiencias en las que aprendan a autorregularse valorando el posponer recompensas y gestionando pequeñas frustraciones que son base del autocontrol. No les proporciona todo lo que piden en el momento que los niños lo quieren. No les presta el celular para comer tranquilo ni les compra dulces sólo por portarse bien. Existe evidencia de que los niños que son capaces de sacrificar una recompensa inmediata por una recompensa mejor que se alcanza después de cierto tiempo, tienen mejor desempeño escolar, y se desarrollan socioemocionalmente de una forma más equilibrada.

Para los niños mayores, entre los 7 y los 13 años, sigue siendo muy importante brindarles compañía, comunicación verbal asertiva y atención plena. No se debe sustituir la presencia por obsequios o reducir los momentos de convivencia a compartir el sillón para ser espectadores de un deporte o película. En esta etapa se construye el autoconcepto que será importante a lo largo de toda la vida. Aunque a esta edad los niños disfrutan de pasar más tiempo con sus amigos que con su papá, siguen siendo un referente importante del que aprenden valores y esquemas de convivencia con el sexo opuesto y con la autoridad.

Para los adolescentes y jóvenes, se requiere un acompañamiento firme, además de escuchar. Esta etapa es muy especial, ya que los chicos están desarrollando aún sus funciones ejecutivas entre las que se encuentran la toma de decisiones. Es por ello que el acompañamiento debe ser estratégico y cercano. No podemos evitar que se equivoquen, ni debemos decidir por ellos, pero sí los podemos ayudar a analizar el costo-beneficio o consecuencias futuras de sus decisiones. A veces es difícil entenderlo, pero los adolescentes gustan y necesitan del monitoreo y realimentación de su padre, aunque externen precisamente lo contrario.

¡Feliz día del padre a los padres buenos que saben respetar, esperar, perdonar y celebrar!
¡Feliz día del padre a los buenos padres que saben acompañar estratégicamente a sus hijos para ayudarles a desarrollarse!
¡Feliz día a los buenos padres buenos!

21 de junio de 2021

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