DE PESOS Y CONTRAPESOS: Plurinominales, antídoto contra el abuso del poder presidencial.

Por: Raúl Paulín Rojas

Hace unos días en su monólogo matutino, el presidente de la República anunció que enviaría al Congreso de la Unión, una iniciativa de ley para promover la desaparición de las curules plurinominales en ambas cámaras. En su argumentación, López aludió al pasado y culpó a los conservadores de implementar las “pluris” para acumular influencia y poder. Como ventajas resaltó el ahorro del presupuesto y evitar el tráfico de influencias aparejado con la corrupción imperante en la “oposición conservadora”.

La consecuencia natural de esta medida, es su extensión a los congresos locales y cabildos de aproximadamente 2,500 ayuntamientos del país, lo que representa sin duda un retroceso a la democracia y abona a un sistema presidencialista dictatorial, de corte comunista. Es menester enterar a López: La presencia de los espacios plurinominales en nuestra democracia, no es una invención o creación exclusiva de los mexicanos. Este modelo tiene antecedentes históricos universales originados en los albores de la democracia europea, cuyos congresistas lograron instaurar entre 1850 y 1900, en su búsqueda de un sano equilibrio parlamentario.

Basta echar un vistazo a la historia política de Europa en la última mitad del siglo XIX; James Garth Marshall (1853) y Lord Russell (1854) en Inglaterra. Por su parte, Dinamarca registra en 1855 una de las más importantes iniciativas en este sentido, lo mismo que el cantón del Tesino en Suiza, para 1890. En el continente americano, Estados Unidos es el pionero en la materia; posterior a la Guerra de Secesión (1861-1865), algunos congresistas se lamentaron en el sentido de que la guerra se habría podido evitar si el sistema representativo hubiera sido otro. Asimismo, en Nueva York (1867) y Chicago (1869), aparecieron sociedades de las entonces llamadas representación “personal” y “minoritaria”.

En México el modelo de representación proporcional se arraigó gracias al apremio de la oposición partidista tanto de izquierda como de derecha, lo mismo que organizaciones de la sociedad civil, sobre el sistema de partido gubernamental único que ejercía el ejecutivo a través de su partido, el Revolucionario Institucional.

Es así como el menoscabo del dañino “carro completo” ocurrió en 1963 en nuestro país, con la instauración de los diputados de partido (antecedente de los plurinominales). Sin embargo, hasta 1977 se estableció la representación proporcional en la Cámara de Diputados y 19 años después (1996), en la Cámara de Senadores. Todo esto para evitar el monopolio de los escaños y el mayoriteo sin consenso, en el marco de la lucha contra el abuso de poder.

La inclusión de las minorías era necesaria para dividir el poder, combatir los caprichos del ejecutivo e integrar activamente a la sociedad mexicana en su incipiente democracia. Sin minorías en el Congreso impera el caos social; ejercer o no el derecho al voto tiene el mismo efecto, se agudiza el abstencionismo, se pierde el interés social por la política y en casos extremos se gestan rebeliones violentas o guerrillas causadas por el anarquismo gubernamental.

Por su parte, nuestra Carta Magna consigna que todo ciudadano mexicano sin distinción de raza, sexo, preferencia sexual, religiosa, nivel académico y con sus derechos a salvo, tiene facultad de elegir y ser electo. Bajo este criterio, no necesariamente el más capaz para promover leyes llega al Congreso, sino el más popular. Por consecuencia, las reformas legislativas deben ocurrir en el esquema partidario y es responsabilidad de los militantes y en general de la ciudadanía, exigir una selección aguda de sus plurinominales, privilegiando esquemas formativos y de elegibilidad que garantice la victoria de los más aptos y no la del dedazo o libre albedrío de sus dirigentes.

La desaparición de las curules de representación proporcional jamás será una opción que abone a la democracia y por eso las propuestas de los legisladores morenistas deben ser analizadas con el mayor cuidado. Ya en 2018, el legislador veracruzano Juan Martínez Flores propuso la eliminación de 100 plurinominales, en lo que fue el preludio para medir la reacción de la oposición y ciudadanía en general. En 2019, Martí Batres propuso la exclusión del mismo número de representantes proporcionales, y el resto ser elegidos por el principio de prelación.

Finalmente, este 2021 Oscar Eugenio Gutiérrez Camacho, quien suple a Mario Delgado Carrillo en la Cámara de Diputados, ha propuesto la desaparición definitiva de la totalidad de los plurinominales, agenda de la que se ha apropiado López Obrador. Pretender ahorrar y combatir la corrupción desapareciendo las plurinominales, causaría un efecto inverso, en razón de que deja el espectro de las decisiones políticas libre para el partido en el poder.

Sin la representación de las minorías a través de los escaños plurinominales no habría CONTRAPESOS y tendríamos de vuelta el abuso del poder presidencial en su máxima expresión.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: