REFLEXIONES ACERCA DE CONCEPCIÓN TRADICIONALISTA EN LA ENSEÑANZA Y EL APRENDIZAJE ESCOLAR.

Autor: Dr. José Zilberstein Toruncha.

Rector del Campus Tequis, de la Universidad Tangamanga. SLP.

Doctor en Ciencias Pedagógicas.

En la evolución de la humanidad el desarrollo de las fuerzas productivas provocó el surgimiento de las primeras ideas pedagógicas, esto ocurrió con el inicio del paso de la Comunidad Primitiva a las sociedades divididas en clases, con lo que se inician como tal las primeras escuelas, para transmitir los conocimientos acumulados por la humanidad. Se aprecia que han existido desde entonces e incluso coexisten en la actualidad, diferentes paradigmas, enfoques o tendencias acerca de la educación y la influencia de la enseñanza en el proceso de conocimiento humano en su relación con el aprendizaje escolar, todas ellas de manera consciente o inconsciente, influyen en las concepciones adoptadas por los sistemas educativos, así como en el trabajo diario del educador.

En este artículo nos referiremos a la escuela tradicionalista que tuvo sus primeras manifestaciones desde la propia cultura griega. Esta considera que la enseñanza debe ser directa, simultánea, en salones de clases con grupos de estudiantes, enseñarle por igual todo a todos (Comenio, 1983), el centro del proceso es el maestro y la materia de enseñanza, se considera por este motivo que es una educación magisterocéntrica. En sus orígenes la escuela tradicionalista consideró que el niño era como una página en blanco sobre la que se van imprimiendo desde el exterior conocimientos, por lo que la función de la escuela consistía en dirigir esta transmisión de manera sistemática, tal como señala una de las Reglas de enseñanza establecidas por Juan Amos Comenio (1983: 65) “Se comienza temprano antes de la corrupción de la inteligencia”.

Este tipo de escuela desde la didáctica prefirió la lección formal a la vez de la repetición memorística de los contenidos de los programas de textos, sin aplicación directa a la vida cotidiana. Al expresar sus objetivos, estosse centran en la instrucción por encima de lo educativo y sus métodos y procedimientos fundamentales, son el dictado sin reflexión, la repetición mecánica de fórmulas y contenidos objeto de estudio, la memorización, entre otros, es por ello, que se relaciona la influencia del Conductismo en esta tendencia. (Valera, 1995, 1999)

El docente transmite verdades acabadas e inmutables, que el alumno deberá asumir y además repetir de memoria, en la mayoría de las veces sin reflexión, por ejemplo, un objetivo de una clase de bachillerato diseñado por un docente que asuma esta tendencia, podría ser: Que los alumnos identifiquen en una oración el verbo y el predicado. Como puede apreciarse aquí no se pretende aplicación a la práctica o crear algo nuevo a partir del conocimiento.

En el ejemplo anterior no se evidencia una exigencia superior como correspondería a este nivel educativo, para que los estudiantes apliquen los conocimientos o desarrollen habilidades, ni mucho menos la formación de valores. ¿Hemos desterrado totalmente de nuestras clases estas exigencias en los objetivos y esa manera de proceder en clases?

J. A. Comenio (1592-1670) es considerado  el iniciador de la Didáctica Moderna y aunque muchos de los estudiosos de las tendencias educativas lo identifican con la escuela tradicionalista, – algo que debería ser rectificado -, lo real es que muchos de los principios educativos o reglas del enseñar, tal como él las enunció, respondían a un  fin noble “enseñar todo a todos” (Comenio, 1983: 65), somos del criterio de que mantienen vigencia en la actualidad y que permitirían eliminar algunas formas de actuar negativas que se aprecian en los salones de clases.

En este tipo de escuela se forma básicamente un pensamiento de tipo empírico, (ya que opera con rasgos particulares o generales no esenciales, no a un plano categorial). El alumno es pasivo y el maestro es el protagonista principal, el saber se incorpora por aproximaciones sucesivas.

Los maestros al organizar este tipo de enseñanza prefieren, como forma de organización única, la clase frontal (el docente frente a los estudiantes y estos generalmente en pupitres o bancas individuales), el conocimiento lo dan como verdades acabadas, que sólo son dominadas por el docente, el método fundamental empleado es el inductivo (de lo particular a lo general). Generalmente se insiste en lo instructivo, con insuficiente o ningún vínculo con la vida.

Sus postulados didácticos son los que se expresan en la Fig. 1 (Adaptado de Zubiría, 1994: 59).

A Johann F. Herbart (1776-1841) se debe el establecimiento de los primeros pasos formales de la instrucción, lo cual es positivo, con respecto a la educación escolarizada.

Sin embargo Herbart le otorgó un excesivo dogmatismo a la clase al considerar que cada lección transcurría siempre y en el mismo orden: apercepción, elaboración, ejercicio y fijación.

En esta tendencia predomina el empirismo pedagógico y se desconoce el papel de la observación reflexiva de que es capaz el estudiante. Para sus seguidores la exposición es el único método de enseñanza válido. En este tipo de enseñanza la actividad la centra el docente, el objetivo exige solo reproducir el conocimiento y se dirige a lo cognitivo, predominando la clase frontal.

Aunque se han realizado intentos por eliminar los aspectos negativos de la escuela tradicionalista, lo cierto es que aún persiste en la mayoría de los países de Latinoamérica esta concepción en el quehacer de los docentes. (Silvestre, 1999; Zilberstein, 2005; Zilberstein y Silvestre, 2005; Castellanos, D.; Castellanos, B; Llivina, 2001; Canfux, V. et. al, 1996, que significa un maestro transmisor de información, centrado en lo instructivo y un estudiante pasivo, disciplinado ante la palabra del docente.

Incluso en pleno Siglo XXI hemos observado que por ejemplo, muchas escuelas en México, continúan empleando en su mobiliario escolar bancas individuales, las que para que los docentes se sientan complacidos de que existe disciplina, estas deben estar alineadas en perfecto orden, contrario a lo que la práctica educativa me ha enseñado, de que es preferible el uso de bancas para dos alumnos y de que estas se puedan distribuir de diversas maneras por el salón de clases, en correspondencia con el tipo de actividad a realizar.

REFERENCIAS.

  • Canfux, V. et. al (1996). Tendencias pedagógicas contemporáneas. El Poira Editores e Impresores. S. A. Ibagué. Colombia.
  • Castellanos, D.; Castellanos, B;  Llivina, M. (2001). Educación, aprendizaje y desarrollo. Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”. La Habana. Cuba.
  • Comenio, J, A. (1983). Didáctica Magna. Editorial Pueblo y Educación. La Habana. Cuba.
  • Silvestre, M. (1999). Aprendizaje, educación y desarrollo. Editorial Pueblo y Educación. La Habana. Cuba.
  • Valera, O. (1995). Estudio crítico de las principales corrientes de la Psicología contemporánea. Zuamer Editores. Nayarit. México.
  • Valera, O. (1999). El debate teórico en torno a la Pedagogía, EDITEMAS AVC. Bogotá. Colombia.
  • Zilberstein, J. (2005).  Aprendizaje, enseñanza y educación desarrolladora. Colección al Docente. Ediciones CEIDE. México.
  • Zilberstein, J. y Silvestre, M. (2005). Didáctica desarrolladora desde el enfoque histórico cultural. Ediciones CEIDE. México.
  • Zubiría De, J. (1994). Tratado de Pedagogía Conceptual 4. Los Modelos Pedagógicos. Vega Impresores, Colombia.
  • Zubiría, J. (2002). Teorías contemporáneas de la inteligencia y la excepcionalidad. Aula abierta. Magisterio, Bogotá.

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