INNtenseando: Listos o no, ¡allá vamos!

Por: Sergio Dávila Espinosa

El regreso a clases ha sido conjurado por el gobierno federal. Será a fines de este mes de agosto cuando los alumnos regresen a las aulas y ante esta situación, los maestros nos sentimos como los protagonistas de una película de suspenso que juegan a las escondidas en una casa embrujada. Iniciamos la cuenta regresiva con los ojos cerrados y al terminar iremos al encuentro de los estudiantes en medio de una tenebrosa oscuridad de incertidumbre provocada por las decisiones y acciones que se tomaron y las que se omitieron.

Así que como en el juego, listos o no, les invito a recorrer conmigo los vericuetos de la mansión y asomarnos a tres habitaciones en búsqueda de los jugadores a los que hay que encontrar antes de que sorpresivamente lleguen a la meta antes que nosotros.

En la primera habitación se encuentran las decisiones incomprensibles del gobierno de la tercera alternancia en el manejo educativo durante la pandemia. Después de una larga etapa de insistir en que el regreso a las aulas presenciales sería hasta que el semáforo epidémico creación del señor López Gatell, estuviera de manera consistente en color verde, un buen día al presidente López Obrador le entró la urgencia del regreso.

Lo incomprensible aquí es que, en toda esta etapa, las voces que desde la sociedad civil exigieron una estrategia clara para el retorno seguro, que considerara las enormes diferencias de contexto, simplemente fueron ignoradas o tachadas de reaccionarias. Estas voces llamaron la atención desde la opinión experta de especialistas nacionales e internacionales en salud y educación sobre la necesidad de la socialización de los niños y adolescentes con sus pares etarios y propusieron estrategias que fueron simplemente ignoradas.

Incomprensible que tanto los especialistas en salud, empezando por el Consejo de Salubridad General, y los educativos, callaran como momias negándose a discutir el punto, hasta el día en que el presidente iniciara su campaña diaria de imposición de un regreso a las aulas, sin mayor sustento que su sentido de urgencia, que además ha dejado en claro se mantendrá en firme por encima de la opinión de los expertos o la sociedad.  

A partir de ese día con la precisión del equipo de nado sincronizado del equipo del comité olímpico ruso, a las secretarias de educación y gobernación, se les contagió la urgencia de respaldar esta decisión removiendo cualquier obstáculo que lo impida. ¿Y por qué ahora en plena tercera ola que ha demostrado ser más peligrosa en la población infantil y adolescente? La respuesta presidencial presenta el irrefutable argumento de su propia experiencia, dado que su hijo Jesús Ernesto se enfermó de COVID y no tuvo consecuencias graves; deduce que el resto de los niños y jóvenes del país no están en riesgo. Rematando con su opinión, no sabemos si también basada en su experiencia paternal, de que los niños deben regresar a la escuela para ser separados del Nintendo.

¿Pero cómo vamos a regresar el día 30 de agosto como me lo está pidiendo si los mismos documentos de la SEP dicen que el regreso será sólo cuando el semáforo esté en color verde? -preguntaron los gobernadores en una reunión a distancia con las secretarias de gobernación y educación. Ni tardo ni perezoso, el Sr. López Gatell, propuso la sesuda idea de proponer al Consejo de Salud General que las actividades educativas sean consideradas como esenciales para que se autoricen independientemente del color del semáforo epidémico, ¡y pum! Problema resuelto.

Ante este panorama, decido salir de esa habitación y entrar en la segunda. Aquí me encuentro con lo que no se dice de la metodología híbrida que se propone como solución sanitaria y pedagógica a las necesidades de la escuela pospandémica. La modalidad híbrida es en esencia la combinación de actividades presenciales y a distancia en un diseño educativo. Idealmente permite aprovechar las ventajas de ambas modalidades. Así se favorece el contacto humano, la colaboración y el desarrollo socioemocional a partir de los encuentros presenciales; así como el estudio autogestivo, la investigación y prosumición de contendidos en la modalidad a distancia.

Sin embargo, el éxito de un curso en modalidad híbrida depende de varios factores como el diseño del curso, la planeación de las actividades que realizarán los estudiantes en los encuentros presenciales y las que realizarán de manera individual a distancia. Es importante considerar las estrategias de evaluación considerando el contexto de los estudiantes.

Sin embargo, la SEP parece entender otra cosa por modelo híbrido. De manera simplista pide que el grupo sea dividido en dos o tres partes según el tamaño del grupo y que el profesor atienda simultáneamente tanto a los estudiantes presentes como a los que se encuentran a distancia. Llega incluso a sugerir que donde la tecnología lo permita, el profesor en el aula transmita su clase para que los estudiantes que están en casa puedan seguirla, lo cual refleja una preocupante candidez al no considerar las limitaciones tecnológicas y pedagógicas de la propuesta. Transmitir una clase desde el aula requiere de tecnología con la que no cuentan las escuelas públicas. No sólo se trata de encender un celular o una laptop y recargarla hacia el pizarrón, el ruido ambiental hará imposible escuchar con claridad lo que el profesor diga a menos de que se cuente con micrófonos inalámbricos especiales como los que usan algunos entrenadores o maestros de yoga cuando transmiten sus rutinas por internet.

Además, se pide al docente estar preparado por si se descubre un alumno contagiado, en cuyo caso el grupo se declararía en aislamiento preventivo y habría que retomar el modelo de clases a distancia. Ya hablaba de esta posibilidad en el INNtenseando Anfibios pedagógicos publicada en julio de 2020.

Pero esto no es todo. El presidente en su afán de imponer su estrategia sin mostrarse autoritario, ha dicho que los padres de familia que así lo decidan, podrán no enviar a sus hijos a la escuela, y que por tanto seguirán siendo atendidos por los profesores. ¿Por cuáles profesores? Claro, por los mismos. Así, el profesor debe planear por triplicado sus secuencias de cada día: para la parte del grupo que va a clase, para la parte del grupo que realiza actividades a distancia y para aquellos que rechazan el modelo híbrido y se quedarán en casa por tiempo indefinido. Una verdadera locura y un exceso que contribuirá a un pernicioso ambiente de simulación. No olvidemos que también deberán vigilar los protocolos de sana distancia, uso de cubrebocas y lavado de manos de los estudiantes; y en algunos casos contribuir a la limpieza de las instalaciones escolares. Revalorización del docente, le llaman. Asustado, huyo de esta habitación.

Sigo por el pasillo de esta casa que ya no sé si es de terror o del tío chueco y abro la puerta de la tercera habitación. El cuarto está habitado por espectros. Los fantasmas de las decisiones que no se tomaron. Aquellas que pudieron contribuir a que el futuro fuera un poco menos incierto, pero que no fueron consideradas.

Está en primer lugar el que las decisiones sobre el momento y forma del regreso a la presencialidad fueran producto de un foro con participación social, revisión de experiencias internacionales y con la opinión experta de pedagogos, epidemiólogos, psicólogos y pediatras. Las conclusiones pudieron tomarse como referencia para las decisiones y así no dejar la impresión de que son el capricho de un solo hombre, bienintencionado o perverso.

También se esconde en un rincón el fantasma de una intensa campaña de concientización y preparación para el regreso en el que se explicara a los niños con jingles y coreografías creativas el lavado de manos, la colocación y retiro de cubrebocas, la importancia de la ventilación cruzada y la sana distancia.

Me encuentro también con el fantasma de las alternativas a la presencialidad que no multipliquen el trabajo de los maestros. Se pudo haber aprovechado la infraestructura del AprendeEnCasa, PrepaEnLínea y otros recursos que ya existen, para acoger temporalmente a aquellas familias que decidieran no mandar a sus hijos a la escuela. Así, de manera organizada, se podría aceptar una inscripción masiva a estos programas, sin necesidad de dar de baja a los estudiantes de sus escuelas. Sería una decisión libre, pero en firme. Los programas podrían reportar a las escuelas de origen las calificaciones de acuerdo con sus métodos de evaluación. Al final del semestre, los estudiantes podrían regresar a sus escuelas.

El período de pandemia ha sido desaprovechado para discutir y avalar finalmente el “Homescholling” para las familias que quieran hacerse cargo de la educación de sus hijos como en muchos otros países del mundo. El sistema educativo pone el currículum y los requisitos para avalar los estudios y certificarlos, los padres de familia que así lo deciden, se encargan de la tutoría y seguimiento académico.

Absorto en estos y muchos otros fantasmas abandonados de las decisiones no tomadas, percibo el inconfundible sonido de unos pasos que se dirigen hacia la puerta y con voz pausada y acento tabasqueño sentencian: –un, dos, tres por mí y por todos mis compañeros. Las escondidas han terminado, el juego está por comenzar.

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