INNtenseando: Arrogancia cognitiva

Por: Sergio Dávila Espinosa

En este México polarizado donde sobran los pretextos para enfrentarnos por razones tan inverosímiles como triviales, hoy surge una nueva forma de descalificación para quienes se adoptó como adversarios. Ya el insulto simple y llano, dejó de ser atractivo para quienes al mismo tiempo pretenden denostar y exhibirse no sólo como diferentes, sino como superiores. La primitiva comparación de atributos físicos dejó su lugar a los intelectuales, o al menos eso creen quienes con arrogancia pretenden minimizar el intelecto de sus enemigos.

Es el caso del Sr. Hugo López Gatell, me resisto a referirme a él como doctor, cuando en su comparecencia ante los senadores de la república para explicar la estrategia para el manejo de la pandemia, eludió los planteamientos de algunos senadores afirmando con ironía que sufrían de una disonancia cognitiva. O más recientemente cuando la no primera dama y aspiracionista a cantante Beatriz Gutiérrez Müller, me resisto a referirme a ella como doctora, afirmó que “hay que leer porque la falta de lectura reduce la cognitividad” (SIC) como visceral respuesta a las declaraciones que hiciera sobre su marido en una entrevista el premio nobel de literatura, Mario Vargas Llosa.

Los procesos cognitivos que producen el saber en los seres humanos son idiosincráticos, es decir todos aprendemos de diferente manera influidos por factores biológicos como la genética o nutrición y externos como el entorno en el que vivimos y sus estímulos; pero al parecer lo hacemos a partir de los mismos componentes, que el neurocientífico francés Stanislas Dehaene resume en estos cuatro:

  • La atención a los estímulos o información que procede de nuestro exterior.
  • El manejo de esta información en la memoria de corto plazo y su comprensión.
  • El acomodo de esta información en nuestra estructura al relacionarla con conocimientos previos y corrigiendo errores.
  • La consolidación de la información en la memoria a largo plazo para su posterior recuperación.

Sin embargo, el tercer componente, el de acomodo, es muy vulnerable debido a que adaptamos la nueva información con el filtro de nuestras creencias, aunque estas sean erróneas o sesgadas, surgiendo así las distorsiones cognitivas de las que todos somos víctimas en mayor o menor medida durante nuestra vida sin importar edad, estudios o cargos públicos.

Las distorsiones cognitivas provocan que interpretemos mal el mundo, nuestras capacidades o hasta las intenciones de los demás, provocando comportamientos inadecuados y emociones negativas que a la larga afectan el bienestar. Algunos autores como Aaron T. Beck, señalan ocho tipos diferentes de éstas, mientras otros manejan hasta veintisiete. Sin pretender ser exhaustivo, señalo aquí sólo algunos ejemplos que todos hemos podido experimentar en mayor o menor grado y que afectan nuestro trabajo como docentes:

  • El pensamiento polarizado. Lo que significa interpretar la realidad en términos extremos y opuestos. Así se sufre la tendencia a etiquetar a las personas en buenas y malas; o a los hechos en correctos o incorrectos. En el aula lo manifestamos cuando de manera consciente o inconsciente clasificamos a los estudiantes como buenos y malos alumnos.
  • La personalización. Se trata de pensar que todo lo que sucede o se dice alrededor está relacionado con nuestra persona o de atribuirse la responsabilidad de los acontecimientos negativos. Un maestro que mira a estudiantes cuchichear y reír, asume que se están burlando de él, o se llega a autoconvencer que si los alumnos no hacen la tarea o atienden la clase es porque quieren desafiarlo o boicotearlo.  También suelen pensar que las decisiones de sus directores o autoridades buscan perjudicarlos por animadversión o interés.
  • Las generalizaciones. Pensar que porque alguna vez nos sucedió algo malo o incómodo, esta experiencia se repetirá siempre y nunca se podrá superar. Vienen acompañados de palabras como “siempre”, “nunca”, “todos”, “nadie”. Algunos maestros afirman que nunca podrán manejar las tecnologías como los estudiantes, o que ninguno de ellos está realmente interesado en su clase.
  • Los sesgos confirmatorios. Consisten en buscar información o escuchar sólo los argumentos que coincidan con los propios. De esta forma se evita el razonamiento y la argumentación desperdiciando la oportunidad de enriquecimiento al contrastar enfoques. Como decía el Dr. Pablo Latapí, “quien no piensa como yo, me ayuda a pensar”. Es una distorsión muy común al seleccionar fuentes de información, analistas, periodistas o autores de libros. También se expresa cuando evaluamos a nuestros alumnos a los que previamente hemos etiquetado como buenos o malos estudiantes.

Las distorsiones cognitivas son frecuentes porque evitan afrontar las disonancias cognitivas, que consisten en la sensación incómoda que se provoca cuando nos damos cuenta que la realidad no se adapta a nuestras creencias previas. Pero la incomodidad de la disonancia cognitiva es solo temporal y necesaria, pues una vez que la información se asimila y acomoda en la estructura cognitiva, se tiene como resultado el aprendizaje. Es por ello que pretender insultar o descalificar a alguien por experimentar una disonancia cognitiva resulta tan absurdo como criticar a un pintor por mezclar en una paleta los colores que usará para pintar un paisaje.

Una de las actividades que más disonancias cognitivas benéficas para el aprendizaje en todas las edades, es efectivamente la lectura, fuente de conocimiento y placer; como lo pone de manifiesto Mario Vargas Llosa en su ensayo “Elogio de la educación” que relata su relación de vida con los libros, la literatura y las bibliotecas.

Los docentes debemos propiciar muchas disonancias cognitivas en nuestros estudiantes, pero también a reconocer para evitar las distorsiones cognitivas. Y claro, habrá que empezar por nosotros mismos, reconociéndolas y afrontándolas con autoconocimiento y humildad. La vida me ha enseñado que los buenos maestros son también buenas personas y que la arrogancia nunca ha sido un indicador para distinguirlas, sino por el contrario constituye una barrera infranqueable que evita el diálogo y el aprendizaje.

1 comentario

  1. Gran tema de esta semana !!!

    Te felicito mi brillante pupilo y coincido en todo , sin embargo en la parte final donde aludes a los excelentes maestros … coincido más !!! Un buen maestro, siempre será sencillo , humilde, servicial y atento a las necesidades de andamiaje de sus brillantes pupilos … ahí se cierra el ciclo y empieza el verdadero proceso cognitivo … esa acomodación de aprendizajes se da con la moderación del conocimiento del binomio maestro-alumno … lo que el alumno captó del contexto y lo que el maestro reafirma con sus aseveraciones y explicaciones de clase … y sino piensa igual , como dijera Latapí , lo motivará y pensará distinto … pero siempre aprendiendo !!! Ah !! Y cómo el sembrador … siempre sembrando !!!
    Siembro robles, pinos y sicomoros , quiero llenar de frondas esta ladera, quiero que otros disfruten de los tesoros que den estas plantas cuando yo muera … sombras y aprendizajes para la vida …

    Tú siempre asiduo lector … mi brillante pupilo !!!

    Dr Armando Valdez Cantú, PhD

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