“EL SELLO DEL DELITO”, la vida después de la prisión.

Mtra. Betzabeth Almazán Morales

Maestría en Criminología   

¿Te has preguntado qué sucede con la vida de alguna persona, quien sea, después de haber estado en prisión?, no es importante en este momento de la reflexión si la víctima fue culpable o no, si su condena fue justa o no lo fue, en este momento te invito a pensar, en los primeros pasos de alguien que ha salido de una prisión y buscar retomar su vida.

Cada día se escucha mencionar en todo medio de comunicación la diversidad de delitos cometidos, los “culpables”, responsables de la comisión de un delito; pudiendo o no ser autor del mismo, son en buena medida los personajes principales en estas notas, los perpetradores de malas acciones juzgados por nuestro sistema de justicia. Como sociedad nos hemos acostumbrado a enterarnos de historias, consecuencias de un sistema penitenciario deficiente y fallido, individuos inocentes privados de la libertad pagando condenas de un delito que no cometieron.

El solo hecho de haber estado en un Centro Federal de Readaptación Social (CEFERESO) cercenará al individuo de toda oportunidad de una vida “normal” en el exterior, condenado a ser un repudiado social, que haga lo que haga después de este acontecimiento, siempre será señalado como un “ex presidiario”, llevado al rechazo total por parte de una sociedad que señala perpetuamente a toda persona con antecedentes penales como alguien no digno de confianza y que nunca podrá ser considerado un ciudadano “de primera”, pues nunca podrá aspirar a las oportunidades mínimas de supervivencia, como el trabajo mismo, por haber pasado por un centro de readaptación. Incluso si el individuo fue absuelto, encontrado inocente y en libertad, a la sociedad no le importa, son datos que pasan a segundo término, independientemente de la razón, el motivo por el que llego allí, o la forma en que salió, el hecho es que quedará asentado como antecedente.

Derivado de lo anterior las preguntas obligadas son ¿podrá volver a la vida que tenía? ¿tendrá la aceptación social? ¿lograra encontrar un papel dentro de la sociedad?

Ahora bien, la estancia en uno de estos Centros no logra en la mayoría de los casos regenerar y reinsertar sino muy al contrario se convierte en la escuela empeorando la situación. Es decir, los convierten en delincuentes o bien logra perfeccionarlos.  Esta es la historia de Jesús, sus apellidos no importan, por esta ocasión y hacia adelante así se llamará, simplemente Jesús. Joven hijo de familia, con 22 años de edad, trabajador, sin vicios, dando los primeros pasos en su incipiente carrera como contador, en su primer trabajo de hecho.

El amor juvenil y el deseo de formar una familia, lo llevan a contraer nupcias con Martha, una joven 3 años mayor que él, hija de unos padres disfuncionales y marcada por una infancia traumática que la han llenado de inseguridades y complejos encuentra la salida a ese mundo frio en el amor de Jesús. Al año de casados, la joven pareja ve la llegada de su hija, quien se vuelve el centro del mundo para su padre, mas no para su madre, quien siempre vive obsesionada por los celos y la angustia que le genera que Jesús pueda engañarla.

4 años después los celos de Martha llevaron a este joven matrimonio a una crisis, que culminó en la separación, a las semanas de este acontecimiento, Jesús es llevado preso, acusado de violación a su hija, acusado por su esposa. Pasaron 8 años y todo el proceso legal que hay en medio, para que al termino de estos, por falta de pruebas, buena conducta y la confesión de Martha de haber acusado por Celos a Jesús, le permitieran salir libre. Jesús Jamás pudo volver a ejercer, nadie le contrataba por sus antecedentes, no pudo retomar su vida donde la dejó, porque el haber estado en un centro de readaptación, marcó su vida. Un puesto de dulces para mantenerse y después de varios años, un trabajo como velador en una vieja bodega es lo que pudo obtener en su lucha por la reinserción social.

Ante la indiferencia de autoridades y de la sociedad en general, y aunado a los obstáculos como por ejemplo que la mayoría de empresas están llenas de prejuicios a la hora de contratar personas que salen de un CEFERESO, ¿qué oportunidades hay?  Si se sienten relegados, tal pareciera que la vida que tenían antes de ser recluidos nunca volverá. Muchas veces la única opción que dejamos a estas personas es delinquir para sobrevivir, por falta de oportunidades. Lejos de sentirse bien por haber recuperado su libertad el individuo, tiene de frente una realidad cruda que dista mucho de las aspiraciones que se tenían al volver.

Debemos de exigir a nuestras autoridades que garanticen y protejan los derechos humanos, además de afianzar medios para lograr satisfacer las necesidades básicas de toda persona, sin importar cualesquiera que fueran sus antecedentes.

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