INNtenseando: La herencia maldita

Por: Sergio Dávila Espinosa

El estudio de la relación entre pobreza y educación no es nuevo. Desde hace décadas existen investigaciones que analizan la correlación de indicadores como el producto interno bruto de un país (PIB) o el ingreso mensual familiar con el IQ (cociente intelectual) o con los resultados de pruebas estandarizadas internacionales como PISA.

Hoy estos estudios pueden enriquecerse con los aportes de las neurociencias que estudian esta relación desde otra perspectiva para explicarla y en la medida de lo posible, orientar intervenciones desde las políticas públicas o el ámbito familiar tendientes a mitigar sus efectos nocivos.

Los avances en neurociencia permiten conocer mejor cómo es que se desarrolla nuestro cerebro desde el inicio de su formación aproximadamente en la quinta semana de gestación y posteriormente en cada etapa de la vida. El sano desarrollo del cerebro depende de factores biológicos, como la genética y la nutrición, así como de otros de tipo ambiental como la socialización y los desafíos, amenazas y oportunidades que se presentan en el entorno.

Empecemos por referirnos brevemente a los factores biológicos. El ser humano tiene un sistema nervioso tan complejo que, a diferencia de otros seres vivos, no está totalmente desarrollado cuando nace. Usted seguramente ha visto videos del nacimiento de animalitos que, en cuestión de segundos, minutos u horas, caminan, nadan o vuelan. Esto no sucede en el ser humano que cuando nace, está totalmente inmaduro cognitivamente y por tanto depende del cuidado y atención que reciba de sus semejantes, principalmente de su madre.

El cerebro del ser humano al nacer, si bien inmaduro, está completo con sus 100, 000 millones de neuronas listas y programadas para desarrollarse y responder a cada etapa de la vida: en sus primeros días favorece el apego necesario para su sobrevivencia; en la primera infancia el desarrollo del lenguaje y las nociones matemáticas de espacio y cantidad; en la niñez, para aprender a través del juego y la observación de los adultos conocimientos y modelos de conducta; en la adolescencia el despertar emocional y la emancipación de su núcleo familiar; en la adultez para favorecer la estabilidad necesaria para la seguridad y cuidado de su prole; y en la vejez, para el ocaso cognitivo que precede a la muerte.

El desarrollo cognitivo consiste entonces en la maduración de complejas redes neuronales que se realizan en diferentes áreas cerebrales respondiendo a una configuración genética heredada en más de 300 000 años de evolución humana. En una comparación muy burda pero que puede ayudar a la comprensión, imagine el cerebro como una computadora nueva que viene precargada con un sistema operativo. Se pueden fabricar miles del mismo modelo, pero el uso que cada dueño le dé al descargar ciertos programas o aplicaciones, al desarrollar experticia para su uso, previsiones de seguridad, almacenamiento de datos y mantenimiento; así como el tipo de uso al que se someta ya sea para jugar, consultar redes sociales, la producción de documentos de trabajo o el análisis de grandes bases de datos, pueden significar una gran diferencia en su eficiencia y lo que se conoce como experiencia del usuario.

Para que un ser humano se desarrolle de manera sana y adecuada con su edad, es necesario que se respeten sus etapas de maduración y se le brinden las oportunidades adecuadas. La inteligencia no es algo fijo predeterminado en el ser humano. Ni los talentos tampoco. Imaginemos por un momento, ¿qué hubiera pasado si Messi hubiera nacido en Cuba o si sus padres hubieran decidido castigarle el futbol para dedicar más tiempo a la escuela y superar sus malas calificaciones?

Si bien el desarrollo cognitivo es en sí mismo idiosincrático y complejo, la pobreza es también un fenómeno que no es único ni se puede clasificar sólo por el ingreso económico como hacíamos en los ochenta cuando definíamos como pobreza extrema a quienes sobreviven satisfaciendo sus necesidades con un ingreso familiar diario menor a los tres dólares. Hoy se considera también la vulnerabilidad por carencias sociales como el rezago educativo, el acceso a servicios de salud, seguridad social, vivienda y servicios domésticos, así como acceso a alimentación saludable y nutritiva.

El ambiente en el que por suerte nos toca nacer y crecer, si bien no determina sí configura las características que tendrá la pista para la carrera de nuestro cerebro hacia su desarrollo. Como si corriéramos todos una carrera olímpica en la que algunos inician descalzos, otros tienen obstáculos en sus carriles, unos más están tan lejos que no escuchan el disparo inicial y otros más son agredidos desde la tribuna por espectadores que les lanzan objetos exigiendo que salgan de una pista a la que no pertenecen. Las condiciones de vida configuran las oportunidades de estímulo necesario para el desarrollo cognitivo que incluye no sólo el éxito escolar, sino también la inteligencia emocional y construcción de valores.

Las neurociencias han estudiado la influencia de carencias nutricionales, de estimulación o afectivas en las diferentes etapas de la vida. Si bien antes de su nacimiento depende especialmente de los hábitos saludables y situación emocional de su madre, las fases siguientes, especialmente durante los primeros mil días de vida, el niño no sólo requiere nutrientes alimenticios de calidad, sino un entorno que le brinde afecto y seguridad; pues es la etapa en que se establecen y consolidan importantes circuitos neuronales que le permiten adquirir el lenguaje y otras capacidades. Sin embargo, como el sistema nervioso cambia durante toda la vida, cada etapa requiere riqueza de oportunidades y disminución de obstáculos para adaptarse a su mundo.

El cuidado de la infancia no es un tema que competa sólo al ámbito privado sino debe estar considerado en las políticas públicas de los gobiernos de todo nivel. Si bien, la neurociencia también ha demostrado que la plasticidad cerebral permite la compensación de ciertas funciones y su desarrollo durante toda la vida, también es cierto que existen ventanas de oportunidad preconfiguradas por miles de años de evolución en nuestro cerebro, que podemos y debemos conocer y aprovechar en favor del bienestar cognitivo de nuestros niños y jóvenes.

1 comentario

  1. Gran tema en reflexión … nuestro cerebro… con sus adjetivos de plasticidad , flexibilidad , con el gran don de la emoción , etc … y sus procesos cognitivos … es decir el desdoblamiento de la información captada por nuestros órganos sensoriales ( olfato, tacto, vista, gusto oído ) del contexto…las herencias genéticas y la sociedad inmersa, hacen de nosotros los seres humanos que captemos la información necesaria para resolver los problemas, que el quehacer diario plantean , con una extraordinaria creatividad e innovación en nuestras acciones … celebro que mi brillante pupilo y mi apreciado Dr Sergio, aborde este gran tema, cimiente de la formación y construcción de los nuevos seres humanos hoy en día … cuánta verdad y cuánta importancia revisten estos procesos cognitivos … por ello siempre presente en la Neuroeducación, estableciendo nuevas estrategias para el aprendizaje significativo de nuestros brillantes pupilos y siempre aunado al amor y pasión por enseñar … como dijera Aristóteles!!!
    Gracias por compartir este gran tema de reflexión y análisis mi apreciado Dr !!
    Buen día y gran semana de aprendizajes !!!

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