LAS REJAS DE MI MADRE – POBLACION PENITENCIARIA INFANTIL Y FEMENIL

Si bien la sola idea de la vida en prisión se vuelve escalofriante para cualquiera, pensarla siendo mujer y madre seguramente excede cualquier escena en nuestra mente. Hacinamiento, falta de higiene, condiciones deplorables de vida, violencia, deterioro, abandono, con las condiciones que rodean a cualquier mujer que cumple condena en una cárcel en México – con sus hijos -.

¿Qué pasa con las mujeres dentro de la prisión? ¿Existen las condiciones necesarias para ellas? Y si están embarazadas, ¿podrán tener acceso a una atención medica? ¿Se les proporcionan los insumos sanitarios para su periodo menstrual? ¿Tienen las condiciones necesarias para cuidar y criar a sus recién nacidos?, estas y un sin número de preguntas alrededor se vierten ante el tema y es que la gran disyuntiva que se presenta ante nuestros ojos es pensar si la privación de la libertad por consecuencia de un delito cometido, debe traer como consecuencia la pérdida total de la dignidad y respeto hacia la persona, hacia las necesidades propias de la feminidad, no como un atributo que merezca preferencia social, como petición de un feminismo hueco, ¡no!, sino como parte de las necesidades fundamentales que tiene una mujer, como las tiene un anciano, como las tiene un infante, como las tienen un enfermo, como las tiene cualquier ser humano.

México según el INEGI durante 2020, ingresaron 5956 personas a los centros penitenciarios federales, y 104 395 a los centros penitenciarios estatales; del total nacional (110 351), 92.6% fueron hombres y 7.4% mujeres. Además de ello al cierre de 2020 a nivel nacional, la cantidad de mujeres privadas de la libertad que se encontraban embarazadas y/o en periodo de lactancia fue de 356, de las cuales, 57.3% se encontraba en periodo de lactancia. Adicionalmente se registraron 384 mujeres privadas de la libertad que tuvieron consigo a sus hijos menores de seis años.

En nuestro país existen según el Diagnostico Nacional de Supervisión Penitenciaria elaborado por la CNDH 2020, 234 CERESOS, 17 CEFERESOS Y 3 PRISIONES MILITARES. Existen 19 cárceles para mujeres y solo una es federal, dentro de la planeación de los centros penitenciarios se adaptaron las cárceles mixtas, es decir se “habilitaron” para las mujeres. Lo anterior deja ver las deficiencias para la atención a la población femenina dentro de los diferentes centros penitenciarios, debido a que no fueron programados para albergar a mujeres, embarazadas, menores (niños, niñas) y mucho menos recién nacidos.

Desde el personal que debe estar al cuidado de las reclusas sometido a previo análisis para así evitar las situaciones de abusos, entre otros que se presentan dentro de los centros. Además, es conocido que para recibir inclusive un pequeño artículo de limpieza deben pagar con favores sexuales a los custodios.       

Si bien puede sonar demasiado ambicioso para una sociedad como la nuestra, es necesario, imperante comenzar a pensar así en un mundo cada día más “incluyente”, ¿La condena es para los hijos? Si la respuesta es no, esta nos obliga a preguntarnos, ¿deben las condiciones de los hijos de una reclusa, ser miserables por el desafortunado hecho de ser hijos de una mujer condenada a permanecer en prisión?

Sabemos que el sistema carcelario de nuestro país está lejos de ser el que deseamos, pero consideremos como sociedad, que hay una enorme diferencia entre tener un sistema penitenciado carente y mejorable, a tener un sistema penitenciario que sea el repositorio de los olvidados por la sociedad. Seguramente este comentario –hasta cierto punto Severo – podría incomodar a algunos, o no tener el sustento suficiente para otros, la realidad es que es uno de los muchos temas sociales importantes en los que considero que como sociedad no estamos haciendo ningún esfuerzo por avanzar.

Hacemos un atento llamado a nuestras autoridades para tomar cartas, inmediatez a políticas públicas que sufraguen las necesidades de la población femenil en los centros penitenciarios de nuestro país, salvaguardando en todo momento los Derechos Humanos.   

Betzabeth Almazán Morales

Criminóloga

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