«DEVUELVEME MI INFANCIA…. LOS MATRIMONIOS INDÍGENAS FORZADOS”

“¿Cómo se cura la herida de un acto tan desalmado e injusto como lucrar con una vida, con la bandera de los “Usos y costumbres”?

Una de las caras tristes que en buena medida nos negamos voluntariamente a ver en la cultura de nuestro país, es la del Machismo, la imposición de la autoridad masculina aun sobre los derechos fundamentales de la mujer, colocándola en el lugar de un simple objeto, moneda de cambio en comunidades indígenas, donde las niñas son vendidas para matrimonio. Es increíble y muy difícil el sólo hecho de asimilar, que en pleno 2021, aún existe y prevalece en algunas regiones la costumbre de utilizar a las mujeres, mayormente indígenas menores de edad como moneda de cambio, con un precio pactado para poseerlas fuera del ámbito de la decisión y más arraigado al patriarcado. Niñas a quienes han arrebatado su infancia de tajo por unos pesos (sin importar la cantidad, la vida de un ser humano no puede tener precio), algunas más por saldar una deuda de familia, y en el peor de los casos por saciar apetitos sexuales de aquellos que poseen la solvencia.

Me encantaría estar relatando la práctica de algo que sucedió siglos atrás y que no es más que una referencia histórica para abordar otro tema, pero no es así, es la más presente y arraigada costumbre que prevalece en algunas zonas de nuestro país, principalmente en el estado de Guerrero, donde los “matrimonios forzados” son parte de los “usos y costumbres que rigen hoy en día”. Los matrimonios forzados son uniones en las que falta el libre y válido consentimiento de por lo menos uno de los dos contrayentes. En virtud de ello, se considera como requisitos imprescindibles e inexcusables para ejercer el derecho a contraer matrimonio, la edad mínima y el libre consentimiento de ambos cónyuges.

Las mujeres víctimas de esta praxis viven expuestas a la violencia en todas sus modalidades, son forzadas a sostener relaciones sexuales con cuantos se sientan con derecho de poseerlas y son abusadas, una de estas formas de abuso y maltrato muy común en ciertas zonas de nuestro país, es el  “matrimonio infantil”. Un matrimonio infantil es la union entre un menor de 18 años y un adulto u otro niño, siendo una practica generalizada a nivel mundial, es el resultado de una arraigada desigualdad de género, lo cual afecta a las niñas de manera desproporcionada. 

Esta costumbre tiene una variación de acuerdo al país, a la cultura, a la situación economica, a la escaces de oportunidades educativas y a la falta de acceso a la asistencia sanitaria. Los matrimonios forzados son una violación de los derechos humanos, según establecen diferentes tratados internacionales, así como una forma de violencia de género, pues lo sufren en su mayoría mujeres y niñas.

 ¿A qué nos referimos con la terminología de “usos y costumbres”? Son formas propias de autogobierno que diversas comunidades indígenas en nuestro país siguen llevando al día de hoy, pretenden conservar sus propias normas, además de crear y defender su identidad. Aunque ello signifique denigrar a la mujer y empoderar el patriarcado el mayor tiempo posible, al amparo de las tradiciones culturales, controlan, subordinan y dominan a las mujeres y sus cuerpos. 

“Se debe trabajar en garantizar los Derechos humanos para toda mujer indígena además de erradicar los matrimonios forzados”.

Betzabeth Almazán Morales

Criminóloga

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