Christtag

Por: Félix Vásquez

La historia se cuenta desde afuera, una novela se cuenta desde adentro, con lo anterior hablaremos de la época navideña en Guatemala, vivida desde adentro, con los más profundos sentimientos, añorando aquellos días que los chiquillos esperaban con ansias la quema de cohetillos, el poder reunirse con los amigos de la cuadra y disfrutar de la noche buena, aquellos más afortunados recibían regalos de parte de Santa Claus, la mayoría estrenaban ropa y zapatos.

La época más bonita del año iniciaba el 7 de diciembre, con la costumbre de la quema del diablo. Allí precisamente se escuchaban los primeros cohetillos de la temporada, aprovechando los fogarones. La quema del diablo simboliza desechar lo que ya no es útil, refiriéndome a las cosas materiales o bien de las experiencias negativas que hayan acontecido de 1 de enero al 6 de diciembre.

La noche buena, el 24 de diciembre se vivía intensamente, celebrando, festejando. El árbol navideño, las lucecitas de colores brillaban con el esplendor de las estrellas en los hogares, el nacimiento al pie del árbol, el aserrín de colores simbolizando el pesebre donde nació el niño Jesús.  Esa noche previo a la navidad todo era felicidad, esperando las 12 de la noche para poder dar y recibir el abrazo de feliz navidad, tomar ponche de frutas y cenar en familia con tamales rojos o colorados.

El tamal es una herencia culinaria desde la época precolombina que perdura hasta el día de hoy, es una mezcla de masa de maíz, relleno con una porción de carne de pollo o carne de cerdo, envuelto y cocido en hojas de maxán. Es un platillo delicioso que se combina con el pan francés guatemalteco. También pasadas las 12 de la noche previo a la cena familiar se abrían los regalos que santa Claus misteriosamente pasaba dejando en cada hogar en el pie del árbol contiguo al nacimiento.

Nuestros padres, nuestros tíos, nuestros abuelos, los adultos se esmeraban porque los niños fuéramos muy felices y dejaron tatuados en nuestras almas esos bellos recuerdos que reviven en cada diciembre.  Estamos a horas de cerrar otro capitulo en la historia de la humanidad, otro año se asoma cómo cada 365 días, deseo el próximo año nos traiga bienestar, prosperidad y oportunidades, pero sobre todo nos permita reflexionar y que las nuevas generaciones no olviden esos pequeños grandes detalles que marcan la cultura de una nación, que las tradiciones no evolucionen, forman parte de nuestro folclor.La convivencia familiar, la sana convivencia con los amigos contribuye a formar a las nuevas generaciones con principios y valores que no deben perderse por el bien de la humanidad.

Un grande saludo para todos, gracias por el tiempo a esta lectura, y cierro con una frase con mucho sentido de un artista norte americano: “no nos preocupemos por que mundo dejaremos a nuestros hijos; ocupémonos en los hijos que vamos a dejar en este mundo”.

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