INNtenseando: Reflexiones a botepronto

Al más puro estilo del gobierno de la 3A (tercera alternancia) la semana pasada se filtraron documentos en los que se presenta el nuevo marco curricular y plan de estudios que se aplicará en el sistema educativo nacional a partir de agosto de este año.

La estrategia es más que conocida y su objetivo transparente. Dejar que la sociedad se pronuncie y así, si algo es muy criticado, cancelarlo diciendo que sólo se trataba de un documento de trabajo. Así lo han hecho con proyectos de reformas a las leyes, presupuestos y hasta con el “Decálogo para el regreso a clases” que, aun habiendo sido ya publicado, se le quitó el polémico punto de firmar una carta responsiva cuando el presidente de la república manifestó de manera vergonzosa que no estaba de acuerdo, y queriendo convencernos a todos que en realidad nunca se había planteado así y que se malinterpretó dolosamente una filtración de un documento de trabajo sin valor oficial.

Con las reservas del caso, y a sabiendas de que posiblemente esté perdiendo mi tiempo y provocando que ustedes pierdan el suyo, me dispuse a darle una lectura de esa que llaman escaneada a los documentos para saber de qué va la mentada reforma curricular de la educación básica nacional. Y aquí van mis comentarios a botepronto de lo que encontré. No es un análisis detallado, sino la expresión de mis preocupaciones que pueden ser resultado de las deficiencias del documento o de mi comprensión sobre el mismo.

En esta ocasión la filtración fue más prudente y artificiosamente sutil. Se trata de varios archivos ordenados en carpetas, donde todos incluyen una marca de agua que advierte que son “documentos de trabajo” y con secciones pendientes de desarrollo que se señalan “en construcción”. Pero todos los archivos se encuentran en formato PDF lo que impide modificarlos o añadirles comentarios, lo cual no es lo habitual en las comisiones curriculares. Y claro, resulta sospechoso que una de las secciones que está “en construcción”, pero de la que no se presenta ni un solo avance es la “malla curricular”, a pesar de que ya se incluyan propuestas de programas analíticos terminados.

Por más de tres años del gobierno de la 3A se ha continuado trabajando con un modelo educativo inercial que tiene como base los planes de estudio anteriores a los que se ha cubierto con el manto de un concepto impreciso y amorfo como lo es el de la Nueva Escuela Mexicana. Entiendo que el momento de realizar un cambio en el currículum nacional es debatible, si se hubiera hecho al inicio del sexenio, podríamos haber tenido un proyecto improvisado o impuesto verticalmente; pero si se ha planeado por tres años y aún no está terminado, difundido y discutido, tampoco es una buena señal. Puede ser un lastre difícil de cargar para una nueva administración a menos que ésta decida apostar por el continuismo.

Cualquier especialista en currículum o en innovación sabe que los cambios se realizan cuando hay una situación que los justifica, se debe realizar un análisis para determinar si es necesario cambiar y qué cambiar. A veces se propone cambiar una materia de un semestre a otro en una carrera universitaria o aumentarle horas, sin responder de fondo estas interrogantes. Es común encontrar casos donde se hacen cambios al currículum cuando en realidad se requerían cambios a la organización académica.

Busqué la respuesta a la necesidad de cambio en los programas de estudio en el documento del Marco Curricular pero encontré justificaciones más ideológicas que pedagógicas. Se señalan la fragmentación del conocimiento provocado por el estudio de las disciplinas por separado, como si el ser humano no tuviera la capacidad de relacionarlas e integrarlas en su estructura cognitiva. También se refiere al demérito de la enseñanza y la figura docente al señalar que la “tecnología educativa” que ha enfatizado la formulación de objetivos, competencias o aprendizajes clave ha reducido el papel del docente a un ámbito instrumental. No puede faltar la crítica a la búsqueda de la calidad, cuyo concepto fue satanizado y redimido al sustituirlo por el de excelencia, y a las evaluaciones internacionales estandarizadas como PISA. Finalmente y para mi asombro, también termina justificando el cambio en una velada postura anti tecnología, supuestamente sustentada en la experiencia de la noche pandémica.

Al revisar el documento base me encuentro con otra de las características del gobierno de la 3A: su nostalgia por el pasado, y en particular por las políticas públicas de la década de los 70. En aquellos tiempos se optó por integrar las materias del currículum por áreas, y así los niños dejaron las clases de Historia, Geografía, Biología, etc. para estudiar sus contenidos supuestamente integrados por bloques como Ciencias Naturales y Ciencias Sociales. Tiempo después, se revirtió esa decisión cuando se decía que de esta forma los niños no aprendían ni una ni otra materia. Y se decidió recuperar materias como en el caso del Civismo en secundaria o de la Filosofía en preparatoria.

Cuatro son ahora los campos formativos propuestos:

  1. Lenguajes. En el que incluyen Español, Artes e Inglés.
  2. Saberes, Tecnologías y Ambiente. (Sí, así se llama ¿les sorprende?, es otra de las costumbres de este gobierno) Aquí se incluye a Biología, Física, Química, Matemáticas y Tecnología.
  3. Ética, Naturaleza y Sociedad. Abarca Formación Cívica y Ética; Geografía e Historia.
  4. De lo Humano y lo Cotidiano. (Se los juro que así se llama) Donde se incluye Tecnología (sí otra vez), Educación Física, Biología (sí también otra vez), y Educación Socioemocional y Tutoría.

Y que los docentes no se preocupen, porque se desterrarán esos horribles conceptos neoliberales de objetivos y competencias, para ser reemplazados por “contenidos, diálogos y progresiones de aprendizaje”.

Por poner un ejemplo de la integración curricular propuesta, los chicos de segundo de secundaria, en el campo formativo de Saberes, Tecnología y Ambiente, estudiarán en el primer período las causas de las infecciones respiratorias e intestinales. Para lo cual se propone que el tema se aborde desde el conocimiento de diversos especialistas:

  • Biología: Estudiando las enfermedades infecciosas y qué hacer para prevenirlas.
  • Química: Estudiando la estructura de los agentes microscópicos responsables de las infecciones.
  • Matemáticas: Realizando estadísticas sobre la frecuencia en que las enfermedades infecciosas han afectado su entorno.

Como advertí al inicio, estas reflexiones son digámoslo así, preliminares y provisionales pues proceden de una lectura escaneada sobre un documento filtrado, pero quiero dejar sentadas mis preocupaciones a botepronto:

  1. La integración de contenidos es fundamental para un aprendizaje significativo, eso no está a discusión. La cuestión es cómo lograr esa integración. Los proyectos interdisciplinares han demostrado ser eficientes cuando surgen de la iniciativa de un equipo docente que trabaja de manera colaborativa y al que se le dan las condiciones para planear, conducir y evaluar en conjunto una experiencia. Hacerlo desde el currículum nacional puede reproducir lo mismo que critica, la implementación acrítica y estandarizada de “progresiones de aprendizaje” diseñadas por “expertos”. La verdadera integración supone espacios y condiciones para el trabajo colegiado. ¿Cuáles serán éstas?, ¿Las juntas mensuales de Consejos Técnicos Escolares?
  2. Es muy preocupante que a las matemáticas ya no se les dé un lugar como campo formativo en la educación básica, sino que se incluyan en el mismo costal que otras ciencias. Si bien es cierto que los maestros hemos centrado su enseñanza en algoritmos y conceptos en lugar de desarrollar el pensamiento lógico, la experiencia internacional, así como los descubrimientos en neurociencias han comprobado que el pensamiento matemático se desarrolla de manera análoga y paralela al lenguaje, y como éste, es necesaria como base para muchos aprendizajes. En este tema, también vamos a contracorriente de la tendencia internacional que promueve un mayor énfasis del enfoque educativo STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas)
  3. Parece mentira que a más de treinta años de que el mundo conoce y aplica resultados de las neurociencias a la educación, el marco curricular no haga ni siquiera una referencia al conocimiento del cerebro de los niños y jóvenes y sus consecuencias pedagógicas. Sus referentes teóricos siguen siendo Piaget, Vigotsky y su interpretación a las propuestas de currículum integrado de Jurjo Torres.
  4. Paralelamente a esta filtración la educación media superior realiza mesas de trabajo para recoger opiniones sobre su propia propuesta de modificación al Marco Curricular Común de este nivel educativo. Con esto queda más que evidente, que una vez más, la articulación entre niveles educativos se quedará en la retórica.
  5. Toda innovación educativa es un riesgo y como tal hay que aceptarla e implementarla. Sería muy bueno enterarnos que esta propuesta estaba terminada antes de iniciar el sexenio con base en aquellos foros de consulta en que se aplaudía a Moctezuma y se abucheaba a la reforma peñanietista; y que está en su tercer año de piloteo en una muestra significativa de planteles en todo el país. Sería muy bueno conocer también sus resultados. Porque pretender cambiar la educación de todo un país en el mes de agosto cuando en febrero ni siquiera se han terminado los documentos, me parece una seria irresponsabilidad. Al tiempo.

Sergio Dávila Espinosa
Twitter: @sdavilae

1 de febrero de 2022

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