¡NO ME CORRAS!… DESPÍDEME

Cerrar ciclos es una de las cosas que más nos cuesta trabajo, cuando llega el momento de hacerlo laboralmente, nos encontramos ante una situación complicada, de muchos sentimientos encontrados e incertidumbre que nos atañe a nosotros y a todas las personas en nuestro circulo profesional e incluso personal.

Cualquiera que sea la forma de tu salida, por decisión propia o de la empresa para la que prestas tus servicios, es importante analizar cómo se asimila esta situación y como la atraviesan tanto quien se va, como quienes se quedan. Hace algunos meses, conversábamos sobre la difícil situación que se vive después de los 40 años en el ámbito laboral, que cierra muchas puertas por el falso paradigma acerca de que la gente de edad madura no puede garantizar un buen rendimiento profesional (CON EXPERIENCIA… PERO NO TANTA – REALIDAD LABORAL DESPUÉS DE LOS 40 AÑOS), cuando es la empresa la que decide prescindir de tus servicios, se utiliza comúnmente un término ¡me corrieron!, o en otros países ¡me echaron!, y hace alusión a la forma despectiva abrupta y por lo general grosera en la cual la empresa actúa cuando decide que ya no formes parte de sus filas. ¿Por qué tomar esta actitud con alguien que puso su trabajo, su dedicación, su esfuerzo y su tiempo para contribuir a crecimiento de esa empresa? Es increíble ver cómo en pleno 2022, te encuentras con escenas de violencia verbal, presión para firmar documentos o para hacer al empleado renunciar a prestaciones de ley completas, sin aviso previo o simplemente sin permitir más el acceso a las instalaciones.

¿Por qué no vamos cambiando la cultura y humanizamos el momento, dejando de correr gente y mejor la despedimos?, el término de una relación laboral no tiene porqué ser en un ambiente de tensión y mal trato, pensemos en un escenario diferente, acompáñame a recrearlo.

HABLA DE FRENTE Y CON HONESTIDAD

Analiza primero con objetividad la decisión que estas tomando, en ocasiones se considera que el empleado debe ser despedido por una mala acción, que nunca fue señalada, para la que no fue capacitado o que no se manejó correctamente, acción de la cual a veces el empleado no es consciente, o no del todo de la magnitud, eso es más una deficiencia de la organización que del empleado. En ocasiones, el que un empleado solicite aumento de sueldo, aspirar a un ascenso o reclamar el respeto de alguna prestación, es motivo para que la empresa considere que no debe seguir más en el equipo, estas son decisiones viscerales más que profesionales, analiza bien antes de tomar una decisión, puedes estar perdiendo un buen elemento y esto a la larga puede que te resulte más costoso.

Si tu decisión de despedirlo continua en pie, sé frontal y háblalo con el involucrado de la manera más honesta y serena posible, generalmente la persona que va a ser despedida es la última en enterarse y muchas veces ni siquiera se entera de las verdaderas razones por la cuales se prescinde de sus servicios, es el uso del “factor sorpresa” para evitar cualquier acción del colaborador en contra de la compañía, sin embargo, si la empresa cuenta con los controles necesarios, legales, de procesos, políticas y seguridad tecnológica, esto no aplica, solo es un medio de coerción al derecho del empleado de saber la razón por la cual está siendo removido de su cargo, sin olvidar que genera una tensión en toda la organización que entra en incertidumbre por el misterioso despido, ¿adivina de qué se hablará en la comida de todos tus empleados esa semana?.

NO SEAS CONDESCENDIENTE PERO TAMPOCO USES RUDEZA INNECESARIA.

Sin duda alguna un despido es un acto de firmeza, pero no por eso tiene porqué ser un acto de violencia, que menoscabe o lastime la dignidad de la persona que es despedida, no permitirle hablar con los demás empleados, no dar acceso, tiempo y espacio suficiente para leer detenidamente los documentos que debe firmar, no contestar claramente cualquier duda que pueda tener sobre el proceso de salida que está viviendo, son acciones intimidantes que no son necesarias, ya es bastante traumático el momento para el despedido que tiene que asimilar la noticia.

Generalmente la persona a la que están Corriendo, se siente agredida desde el momento en el que inicia su proceso, porque es la cultura de correr al alguien que lamentablemente existe y es aceptada en muchas empresas y se caracteriza por acciones como hacerlo llegar a la oficina de Recursos Humanos con base a mentiras o sin razón alguna, no permitirle acceso a sus artículos o información personal, incluso negarle la indemnización correspondiente, son situaciones innecesarias, el fin de una relación laboral no tiene que ser el inicio de una guerra patrón – empleado, que no termina en el momento de la salida, sino que en ocasiones continúa, negando cartas de recomendación o dando malas referencias “En varias ocasiones infundadas”, para cerrar las puertas y frustrar oportunidades de una forma ventajosa y desleal, ya que de éstas ningún candidato se puede defender y es cuando una gran oportunidad que parecía prometedora, de pronto se desvanece detrás de un repentino “nosotros le llamamos”.

Hasta este momento hemos hablado sobre el escenario de cuando la empresa es quien toma la decisión de despedir al empleado, pero hay otro, que es cuando el empleado considera que su ciclo ha concluido y decide tomar nuevos retos profesionales en otra empresa. Lamentablemente no siempre es tomado de la mejor manera y comienzan a correr al empleado, sintiéndose traicionadas y tomando su decisión como un acto de deslealtad iniciando una campaña de hostilidad hacia el empleado que decide partir.

Hay varios factores que influyen para tomar la decisión de dejar un empleo, los cuales deberían ser un foco a analizar por la organización, la fuga de talento y rotación de personal, son problemas muy constantes en la mayoría de las compañías y generalmente la respuesta está dentro y no fuera. Falta de planes de carrera, poco o nulo reconocimiento a resultados, salarios desproporcionados a las jornadas y responsabilidades, mal clima laboral, entre otros, son los motivos por los cuales un profesional decide salir de un trabajo y buscar otro camino, no todo es dinero, de hecho muchas ocasiones los empleados que se sienten reconocidos y saben que pueden tener crecimiento profesional en las empresas en las que se encuentran, rechazan propuestas por un mayor ingreso, prefiriendo estar en el lugar donde se saben valorados.

Pero hay muchas ocasiones en las que la empresa empieza a “echar” al empleado porque siente que es un mal agradecido por decidir irse, haciendo que su proceso de entrega y últimos días de estadía se vean envueltas en un ambiente cargado de mala vibra y comentarios desalentadores sobre su futuro profesional.

Esto es un acto de ingratitud hacia alguien que colaboró contigo, que estuvo en tu equipo, persiguió los mismos objetivos y trabajó codo a codo contigo para lograrlos, puso su tiempo, su esfuerzo, su trabajo y lo hizo por su crecimiento profesional y el sustento de su familia, puso sus esperanzas y sus sueños en esta empresa, ¿tiene qué sentir culpa por desear superarse?

Cuando iniciamos un proceso de reclutamiento, buscamos a los mejores candidatos, seleccionamos a los que consideramos que tienen la mejor experiencia, la mejor actitud, la mejor formación, los tratamos con amabilidad, les mostramos una empresa que les abrirá las puertas, les dará crecimiento, estabilidad y un excelente clima laboral, y los tratamos con gran amabilidad, ¿Por qué no hacerlo así cuando deciden o decidimos concluir la relación?, eso se llama congruencia y hablaría de una cultura laboral madura y una empresa humanizada, acorde a nuestro tiempo.

Si eres empresario, no olvides que los empleados, antes de serlo son personas, que merecen respeto y un trato digno dentro y fuera de tu organización, si eres empleado y te corresponde llevar a cabo un despido, ¡haz la diferencia!, no corras a la gente, despídela, trata a las personas como cuando un día desees que te traten a ti.

Y en tu empresa, ¿Corren o Despiden?

Ing. Saúl Sánchez Ruiz

Tecnólogo.

@SaulSanchezRuiz

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