INNtenseando: Diez recordaciones para el regreso a clases presenciales

Esta semana regresan a clases presenciales miles de estudiantes de educación básica en San Luis Potosí y otros estados de la república, siendo la primera vez que desde marzo de 2020 podemos reunir en una escuela a todos sus grupos y en cada grupo a la totalidad de sus estudiantes.

Cuando todo esto inició hicimos recomendaciones a los estudiantes para trabajar a distancia, pues ellos tendrían que lidiar con una nueva modalidad a la que no estaban acostumbrados. Ahora creo prudente que éstas se dirijan a las madres y padres de familia, puesto que esta etapa supone retomar algunas acciones que pueden haber sido olvidadas durante la larga noche pandémica o bien, que conviene proponerse iniciar con el regreso de los chicos a sus escuelas.

  1. Asegurar el buen sueño. Ya en otras ocasiones hemos hablado de la importancia de una buena higiene del sueño y de los beneficios que conlleva para la salud física y emocional de nuestro cuerpo, así como para la consolidación del aprendizaje. (Ver Dormir para aprender) Los horarios de sueño fueron afectados durante la pandemia, por lo que es tiempo de ajustarlos. Costará trabajo, pero habrá que ayudar a los chicos a ir a la cama sin dispositivos electrónicos a tiempo para poder descansar las horas requeridas dependiendo de su edad. (Para los niños de primaria y adolescentes al menos 9 horas).
  2. Propiciar una buena nutrición. Así como el sueño, la alimentación saludable es un reto para el regreso a la escuela. Implica poderles ofrecer un desayuno nutritivo aún a los chicos de secundaria que inician sus clases a las 7:00 a.m. Nunca deberán llegar a la escuela con el estómago vacío, pues las funciones cognitivas requieren de la energía que brindan los alimentos, por lo que tampoco deberíamos acceder a las soluciones industrializadas o las que ofrecen las tiendas cercanas a la escuela. Es triste ver a algunos adolescentes desayunar bolsas de papas fritas enchiladas, cuyos beneficios nutricionales son nulos y que a largo plazo además pueden generarles serios problemas.
  3. Motivar a la actividad física. Al regreso de la escuela, los niños deben jugar y los adolescentes también requieren de actividad física para mantener un equilibrio saludable. Habrá que buscar oportunidades de juego al aire libre, deportes u otras actividades que impliquen movimiento. Ningún niño ni adolescente debería pasar toda la tarde sentado frente a una computadora, televisión o celular. Recordemos que la infancia y adolescencia son momentos importantes para la conformación de hábitos. La pandemia nos enseñó la importancia de los hábitos saludables para fortalecer el sistema inmunológico. Los padres podemos y debemos contribuir a que la triada sueño-nutrición-actividad les asegure un futuro saludable.
  4. Reconstruir los hábitos de estudio. Empezando por renovar el ambiente en el que los chicos estudiarán y realizarán sus tareas. Nada que distraiga debería estar cerca y todo lo necesario para trabajar deberá estar a la mano para que no se pierda tiempo buscándolo. Los chicos tendrán que volver a construir sus horarios para dedicar a las tareas, juegos, actividades recreativas, aseo personal y descanso. El tiempo para las tareas deberá ser aprovechado sin interrupciones ni procrastinación para poder equilibrar los deberes con otras actividades e intereses. El método pomodoro, del que ya hemos hablado aquí, puede ser una buena opción. (Ver Procrastinación Digital)
  • Alentar su autonomía. Muchos de los rasgos de personalidad de los chicos se conforman por la interacción que tenemos los adultos, padres y maestros, con ellos. La autopercepción de logro, la resiliencia o la empatía, no son innatos. Se conforman en los mensajes que enviamos a los chicos cada vez que interactuamos con ellos. Los niños y adolescentes siempre requerirán nuestra ayuda, sí, pero esa ayuda deberá proporcionarse para que se vuelvan independientes.
  • Respaldar sin intervenir. Como padres debemos ofrecerles a nuestros hijos apoyo para cuando lo requieran, pero nunca suplir sus responsabilidades. Durante la etapa pandémica vimos más que nunca, a papás que hicieron las tareas de los hijos, contestaron sus exámenes o bombardearon de mensajes a los maestros para que les explicaran (a ellos no a los niños) las tareas que se dejaban. Incluso una tarea no cumplida o un examen reprobado, puede ser una experiencia formativa con efectos positivos para el desarrollo de los estudiantes.
  • Esculcar el corazón. Algunas madres y padres tienen la costumbre de revisar la mochila de sus hijos, para ver si no hay algún comunicado de la escuela o verificar el trabajo que realizaron sus hijos. Sin embargo, en este regreso a clases habrá que revisar también las emociones que experimentan los chicos en la escuela. Se reencontrarán con compañeros que ya no son los mismos y posiblemente tampoco se relacionen de la misma forma. Habrá que estar atentos a cómo se sienten, recordando que el estado natural de un niño es la alegría.
  • Alentar la disciplina positiva. Nuestros hijos deben aprender que sus acciones siempre tienen consecuencias, y éstas pueden ser buenas o malas. No se debería recurrir a los premios para alentar el cumplimiento de obligaciones, ni a los castigos, especialmente si son aflictivos para cuando se falla en ellas. Pero siempre deberán afrontar las consecuencias de éstas. Consecuencias proporcionadas y relacionadas con las faltas que cometieron: Si tomaron algo que no era suyo, disculparse y regresarlo. Si ensuciaron, limpiar.
  • Hacer equipo con la escuela. Los chicos se dan cuenta lo que opinamos y decimos de la escuela y sus maestros. Si nos quejamos frente a ellos de sus políticas o protocolos, de los trabajos que dejan los maestros; o incluso si nos permitimos expresiones irrespetuosas hacia sus educadores, estamos dejando en ellos una lección indeleble que se verá reflejada tarde o temprano.
  • Hablar con ellos sobre su jornada. La comunicación siempre será el mejor medio de monitorear aprendizajes, experiencias y corazón de nuestros hijos. Es importante siempre hablar de lo que pasó en la escuela, pero por ello debemos alentar esa comunicación variando las preguntas. A un ¿cómo te fue hoy en la escuela? puede corresponder un monosílabo “bien”. En cambio, si preguntamos ¿Qué fue lo más interesante que aprendiste hoy?, ¿Cuál es tu materia favorita?, ¿Con quién pasaste el recreo?, ¿Qué le pareció a tu maestro el proyecto que llevaste como tarea?, podemos tener un mejor éxito. Pero claro, también nosotros debemos hablar de cómo nos fue en nuestra jornada, qué seguimos aprendiendo, qué leímos, etc.

Hay quien dice que la formación de hábitos requiere al menos de 21 días ininterrumpidos. Otros dicen que se necesita, al menos el triple. Como quiera que sea, creo que ahora que iniciamos el regreso a clases plenas, es importante que nos esforcemos los próximos 21 días, por retomar nuestra responsabilidad como primeros educadores de nuestros hijos.

Sergio Dávila Espinosa
Twitter: @sdavilae

15 de febrero de 2022

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