INNtenseando: Que la guerra no nos sea indiferente

¿Por quién lucho yo si en mi corta vida no existe rencor?
¿Por quién lucho yo que vivo la vida con fe y con amor?
(Víctor Manuel)

Aún no salimos de la pandemia de COVID cuando esta semana nos sorprende la noticia de otro hecho inédito: la invasión de la federación rusa a Ucrania. Por medio de la televisión o los dispositivos electrónicos todos nos enteramos del inicio de este conflicto bélico.

Las redes sociales, como siempre, recogen las reacciones de la gente ante estos hechos. La de los protagonistas, los especialistas y también las de la gente común y corriente. Dos publicaciones me llamaron especialmente la atención. La de una persona que publicó en Facebook: “Pidamos a Dios para que termine la guerra y démosle gracias de que esto sucede muy lejos de nosotros”; y la del meme viral que dice “Ya me cansé de ser experto en epidemias, ahora seré experto en guerra”.

La primera no sólo por su candidez, sino por la inconsciencia de cómo un conflicto que se lleva a cabo hoy a miles de kilómetros de distancia tiene consecuencias que afectan nuestra vida cotidiana, por lo que, en el mundo globalizado, no podríamos pensar que esto sucede “muy lejos de nosotros.

La segunda porque refleja, aunque sea en son de broma, la actitud de quien al no tener nada que decir, pretende que otros tampoco puedan opinar si antes no demuestran credenciales de expertiz que de todas formas se someterán a un sesgo confirmatorio. Es conocido cómo nuestro cerebro siempre buscará respuestas simples aún para los problemas complejos y cómo solemos escuchar y valorar a las personas u opiniones que confirman aquello que nosotros pensamos sobre algún tema en específico. Por eso ante un tema relativamente desconocido, no sabemos a qué opinión alinearnos y preferimos evitarnos el esfuerzo de construir una propia.

Apenas la semana pasada publicamos en esta columna una reflexión sobre la Competencia Global que es necesario desarrollar en nuestros niños y jóvenes desde la escuela conscientes de que son una generación que se prepara para un mundo incierto, complejo y volátil. (Ver: INNtensando: Mirando el mundo desde el ombligo)

Recordemos que se trata de la capacidad para:

  1. Examinar temas de importancia local, global y cultural.
  2. Comprender y apreciar las perspectivas y visiones del mundo de los demás.
  3. Participar en interacciones abiertas, apropiadas y efectivas entre culturas.
  4. Emprender acciones para el bienestar colectivo y el desarrollo sostenible.

Creo firmemente que la invasión de la federación rusa al territorio ucraniano es una oportunidad para hacerlo desde diversos ámbitos de la escuela y el hogar y una responsabilidad a la que estamos obligados los educadores y padres.

En la escuela, se puede reflexionar con los maestros sobre cómo abordar el tema, qué decir y hasta qué callar, para que la experiencia sea realmente provechosa. Hay que partir de lo que los estudiantes, aún los pequeños, saben o han escuchado sobre esta guerra para diseñar situaciones de aprendizaje significativas. No se trata de que los maestros nos convirtamos en analistas políticos y que dogmaticemos sobre quién tiene la razón en el conflicto, sino que aprovechemos para que los estudiantes investiguen, examinen, participen y hasta puedan emprender acciones, como lo establece el marco de la competencia global.

Queriendo aportar sólo algunos ejemplos, pero insistiendo en que el diseño de actividades tendrá que ver con las propias inquietudes de los estudiantes, así como con los contextos escolares específicos, se podría abordar el tema desde diversas materias:

  • Matemáticas. Se puede aprovechar para realizar porcentajes, tablas y gráficas que permitan hacer comparativos entre el tamaño del territorio, la población y la economía, entre otros parámetros, de Ucrania, la Federación Rusa y nuestro país.
  • Geografía. Excelente oportunidad para investigar y conocer la ubicación de Ucrania, su frontera con Rusia, la Bandera y su significado, el Idioma de su población, así como datos de su cultura y economía. Las tecnologías permiten hacer una visita virtual por sus principales ciudades y centros de interés.
  • Español. Se puede investigar un poco de la literatura ucraniana, buscar algún poema traducido al español. Se puede pedir una composición sobre la guerra con carácter de ensayo, cuento o poesía, o escribir una carta a un niño ucraniano que nuevamente se encuentra sin la posibilidad de ir a la escuela.
  • Ciencias Sociales. Se puede aprovechar para recuperar el origen y misión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sobre lo que pueden hacer los países del mundo organizados para evitar las guerras.
  • Historia. Es un buen momento para recordar las invasiones que nuestro país ha sufrido e investigar la participación de México en los conflictos armados.
  • Habilidades socioemocionales. Se puede desarrollar la empatía desde la reflexión de situaciones detonadoras, por ejemplo: Si México fuera invadido, ¿estarías dispuesto a perder la vida para defender a tu patria; o preferirías perder la patria para salvar la vida?
  • Música. Hay muchas canciones relativas a conflictos armados cuyos mensajes diversos se pueden analizar: “El cobarde” de Víctor Manuel o “Sólo le pido a Dios” de Leon Gieco, son opciones interesantes.
  • Artes: Dependiendo de las vetas artísticas de la comunidad escolar, se pueden explorar otras formas de expresión como la elaboración de carteles, pinturas o coreografías.
  • Desde la gestión los directivos pueden buscar un contacto de alguna familia mexicana que haya residido en Ucrania a quien poder entrevistar vía remota. Se debería preparar la sesión motivando a los estudiantes a preparar sus preguntas, así como algún mensaje de empatía.

Pero no olvidemos que la educación de los niños y jóvenes no es una responsabilidad exclusiva de la escuela. La responsabilidad primigenia es de las familias, por lo que en casa también deberemos contribuir a formar la competencia global y la empatía ante estas situaciones.

Desde luego debemos proteger a los pequeños de la exposición a imágenes perturbadoras con las que se solazan las agencias informativas, pero también estar atentos a escuchar y responder sus dudas o sus temores sin minimizarlos o pensando “que luego se les pasa”. Valores como la empatía, solidaridad y sensibilidad social son resultado principal del aprendizaje vicario, es decir, de la observación de los hijos a la conducta de sus padres. Si nosotros resolvemos nuestros conflictos a gritos, con violencia o justificamos que así suceda en la escuela, poco margen de actuación nos dejan a los maestros.

Sergio Dávila Espinosa
Twitter: @sdavilae

28 de febrero de 2022

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