Aprendizaje y Memoria

“Somos todos los trozos de lo que recordamos. Tenemos en nuestro interior las esperanzas y los temores de aquellos que nos aman. Mientras haya  amor y memoria, no existe la auténtica pérdida.”

Cassandra Clare


Por: Sandra Guerrero Rodríguez


Hoy quiero hablarte un poco sobre la memoria y el aprendizaje, la relación entre ambos. El término «aprendizaje» subraya la adquisición de conocimientos y destrezas; el de «memoria», la retención de esa información. Ambos procesos se hallan inextricablemente unidos. Solo podemos determinar si alguien ha aprendido algo observando si más tarde lo recuerda; solo podemos recordar un episodio si almacenamos información sobre su datación. Imaginémonos que naciéramos sin capacidad para formar recuerdos. Nada de cuanto experimentásemos dejaría huella; no aprenderíamos a andar o a hablar, ni recordaríamos nada que nos hubiera sucedido; permaneceríamos, cual insectos aprehendidos en ámbar, presos en una mente infantil. Porque aprendemos y recordamos construimos nuestro proyecto de vida. El término «memoria» se emplea comúnmente en uno de dos sentidos, el de registro mental de nuestras experiencias y el del acto de recuperar el registro en cuestión. A la memoria que se nos ofrece como un revivir consciente de momentos específicos la denominamos episódica; la memoria semántica implica un conocimiento factual. Suele hablarse de tres estadios en el recuerdo de un episodio: codificación, almacenamiento y recuperación. La codificación remite a lo que sucede cuando experimentamos un suceso y formamos un recuerdo o código para su representación. Ese registro permanece almacenado hasta que llega el momento de recuperarlo.

Aunque hablamos de aprendizaje humano, hemos de tener en cuenta que la mayoría de los experimentos se han hecho sobre animales. Por razones obvias: es más fácil controlar el entorno animal que el de las personas y, con ello, delimitar mejor las aportaciones de las diversas variables. Mostraban, además, unos sistemas de aprendizaje más elementales, lo que facilitaba la comprensión de los procesos fundamentales. Durante decenios, la psicología estuvo dominada por los conductistas, quienes desconfiaban de las explicaciones que atribuían la conducta a estados mentales que no podían observarse; al trabajar con animales se obviaban los estados mentales para centrarse en las variables que controlaban la conducta. Resultado de todo ello, el aprendizaje se estudió tomando por modelos ratas y, más tarde, palomas. Tras la entrada en escena de la psicología cognitiva en la revolución de la disciplina de los años cincuenta y sesenta, los investigadores se persuadieron de que el conocimiento de la memoria requería desentrañar unos procesos mucho más complejos que la mera formación de asociaciones. Pero en términos conceptuales la memoria es la capacidad para retener y recuperar la información posteriormente, mientras que el aprendizaje es la adquisición de conocimientos, actitudes y valores y se ve reflejado en un cambio de comportamiento. Ambos trabajan de la mano logrando que lo que el niño o el joven aprendan sea almacenado en el cerebro.

Aprendizaje y memoria son dos procesos cerebrales estrechamente ligados que originan cambios adaptativos en el comportamiento de los organismos.

 Cuando aprendemos podemos utilizar al menos dos tipos de estrategias cognitivas. Una de ellas da lugar a la memoria implícita, un tipo de memoria inconsciente y rígida, que difícilmente se expresa en situaciones diferentes a la original. Es una memoria de hábitos que radica en las mismas regiones cerebrales que procesan la información sensorial y motora, principalmente la neocorteza y los llamados ganglios basales. La otra estrategia cognitiva origina la memoria explicita o declarativa, una memoria consciente y flexible que puede expresarse en situaciones y contextos variados, diferentes a los del aprendizaje original. Es una memoria de carácter relacional, dependiente de la región del cerebro conocida como sistema hipocampal y basada en información almacenada en la corteza y otras regiones cerebrales.

 Un tipo particular de memoria explicita es la memoria de trabajo, necesaria para el razonamiento y otros procesos cognitivos. La memoria de trabajo depende de la corteza pre frontal, región del cerebro implicada en los aspectos temporales y en la sintaxis (composición coherente) de los episodios de memoria. El olvido podría depender de alteraciones en los circuitos neurales que almacenan la información o también de procesos activos que dificultan la consolidación o impiden la expresión de las memorias.

Seamos prácticos, ¿te ha pasado que tomas cursos, conferencias y escuchas a expertos, pero es como si nada se almacena en tu cabeza? no eres el único y seguramente más de uno en tu entorno también se siente identificado. Si aprendemos a usar la memoria a nuestro favor, puede ser un aliado para los procesos de aprendizaje de todo ser humano.

Sabemos que la memoria tiene un papel fundamental en la vida, refleja el pasado como el presente y ofrece la posibilidad de reutilizar todas las experiencias pasadas y presentes, así como ayuda a garantizar la continuidad entre lo que fue y lo que iba a ser. La memoria es un proceso activo, subjetivo, inteligente y de reflexión en nuestras experiencias anteriores. Comencemos por conocer los 3 procesos principales involucrados en la memoria humana:

1– Codificación: Transformación de información en una forma que puede almacenarse en la memoria

2– Almacenamiento: Mantenimiento de la información codificada en la memoria. Por último

3– Recuperar: Volver a acceder a la información del pasado que ha sido codificado y almacenada.

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