INNtenseando: Decálogo del docente del siglo XXI

El mundo actual, complejo, incierto, volátil y sobre todo aceleradamente cambiante, provoca una necesaria revisión del quehacer cotidiano mirando con honestidad valiente aquello que, aunque pudo tener éxito en el pasado, no se ajusta más a las demandas del presente, y cuantimenos a la preparación de los niños y jóvenes para un futuro que sabemos ni siquiera podemos imaginar.

Esta brecha entre la formación escolar y la vida real no sólo quedó evidenciada durante la pandemia, sino que nos interpeló con violencia, al grado de cuestionarnos los contenidos y métodos con los que veníamos trabajando en las escuelas, así como las finalidades de la educación y la permanencia de esta institución.

El regreso a la presencialidad está costando trabajo para niños, jóvenes y maestros pues es necesario equilibrar las fuerzas de los hábitos de estudio, las metodologías de enseñanza y los contenidos curriculares. De una cosa no tengo la menor duda, ninguna de las anteriores debe permanecer incólume después de la pandemia, de hacerlo estaremos ante un anacronismo culpable que no sólo hará infructuoso nuestro trabajo, sino también insoportable el desgaste del intento.

Es en este contexto que desde esta columna propongo un decálogo para ajustar la docencia a los nuevos retos. No se trata de sentencias que buscan cargar a los docentes de pesadas demandas metodológicas y hasta morales imposibles de cumplir en un ser humano normal que tiene vida familiar y social propia. Tampoco se trata de imponerles a otros mi idea de lo que debe hacer un buen maestro. Por el contrario, tómense esta decena de ideas como consejos para que nuestro trabajo sea más eficiente, efectivo y también para que lo disfrutemos más, lo cual para nada es un asunto menor. Además, cada uno de ellos está fundamentado en los resultados obtenidos por la investigación educativa a partir de las buenas prácticas de profesores alrededor del mundo, así como de la neurobiología de los niños y adolescentes, por lo que existe evidencia empírica de que son efectivos.

  1. Mezcla estrategias centradas en la enseñanza y centradas en el aprendizaje, de acuerdo con el contenido.

La esencia de nuestro trabajo no ha cambiado, sigue siendo enseñar. Lo que ha cambiado es lo que entendemos hoy por enseñar. Es por eso que algunos maestros renuncian a la exposición de conceptos o explicación de algoritmos. Esto es un error, la evidencia ha demostrado que se obtienen mejores resultados cuando se planea proporcionando una mezcla equilibrada de estrategias de enseñanza con estrategias de aprendizaje, lo cual trasciende con mucho esa concepción simplona y reduccionista tan en boga de el maestro como simple “facilitador” de aprendizajes.

  • Investiga sobre aprendizaje y colabora con otros docentes.

De la misma forma que un chef necesita conocer el sistema digestivo para mezclar ingredientes y que la comida sea no sólo sabrosa, sino también nutritiva; o un piloto aviador necesita saber de física para entender cómo y por qué se mantiene un avión en el aire, un maestro no debería ignorar los procesos implicados en la cognición y el aprendizaje. Existen numerosas estrategias de activación cognitiva, así como reportes de investigación sobre cómo aprenden los niños y jóvenes. Discutir estos resultados, así como poner en común los fracasos y éxitos con los colegas para conformar una comunidad profesional docente, es una forma de profesionalizar nuestro trabajo y transformarlo.

  • Crea un clima de aula positivo (seguro) y establece relaciones sólidas con los estudiantes.

Dedicar tiempo a diagnosticar y gestionar el clima emocional de nuestros estudiantes, así como para conocerlos de manera personal y construir con ellos relaciones sólidas, es una forma que no sólo permite “llevar la fiesta en paz”, sino que contribuye a que los estudiantes se sientan emocionalmente seguros para mostrarse vulnerables, pedir apoyo o incluso para permitirse participar sin miedo a equivocarse, confiados en que los errores nunca son penalizados y el respeto de sus compañeros está garantizado.

  • Anima a los estudiantes a comprender y memorizar usando diversas estrategias.

Todo curso implica contenidos que se espera alojar en memoria a largo plazo para que puedan ser recuperados y aplicados a condiciones concretas. La memorización ha sido mal vista por algunos, más ahora que la información está disponible a menos de 90 centímetros de distancia de nosotros, que es la distancia promedio a la que mantenemos nuestro celular. La cuestión es preguntarnos si estamos estimulando una memorización incomprensiva en la que los alumnos repiten conocimientos o procedimientos que no entienden, o si los apoyamos para que aquello que se memoriza sea primero comprendido y después aplicado a situaciones variadas de su contexto.

  • Enseña a aprender.

Enseñar no es suficiente, debemos asegurarnos de que nuestras estrategias de enseñanza no impidan que los alumnos se hagan progresivamente autogestores de su propio aprendizaje. Brindarles oportunidades para reflexionar sobre su propio aprendizaje, no sólo con técnicas de estudio sino favoreciendo la autorregulación y metacognición es tan valioso o más que algunos temas de nuestro programa.

  • Desafía a los estudiantes para ser creativos sin provocar ansiedad.

Proporcionar desafíos a los estudiantes puede ser una gran oportunidad de que desarrollen su creatividad; sin embargo, para que esto suceda, debemos tener en consideración que los retos deben ser percibidos por ellos como alcanzables y que contengan elementos que en sí mismos los motiven, como puede ser el trabajar con otros compañeros, usar tecnología o darles opciones para la toma de decisiones.   

  • Proporciona apoyo a todos los estudiantes de acuerdo con su nivel de competencia.

De la misma forma que un médico se debe comprometer con todos sus pacientes, los más graves para buscar su sanación, los menos graves para mitigar su enfermedad o incluso los sanos para prevenir que se enfermen, el compromiso de un docente es con todos sus estudiantes, no sólo con los que estudian, cumplen las tareas y aprueban los exámenes. Se debe brindar oportunidades para que todos se desarrollen, apoyar a los alumnos con dificultades, sin dejar de desafiar a los más adelantados.

  • Combina la enseñanza de contenidos con su aplicación en el mundo real.

Sin importar la materia o nivel educativo, no podemos limitarnos a cubrir contenidos si no planteamos situaciones de aprendizaje en que éstos puedan ser aplicados de inmediato. Un contenido, así lo consideremos muy importante, si no se acompaña de relaciones con experiencias, emociones y no se “manipula” cognitivamente está condenado al olvido por poda sináptica, lo cual no depende de la voluntad de nuestros estudiantes.

  • Planea no sólo qué enseñar, sino a quién, cómo y con qué para motivar y desarrollar autoconfianza.

Antiguamente la planeación didáctica consistía solamente en dosificar los temas en un calendario. La pregunta que nos hacíamos era “¿Qué voy a enseñar hoy en clase?” y nos preocupábamos de revisar esos contenidos para poderlos transmitir. Lamentablemente hoy sabemos que esto es infructuoso, pues al planear así el que más aprende, por no decir que el único, es el maestro. Conocer las necesidades de los estudiantes, nos permitirá explorar herramientas y proponer desafíos que les permitan desarrollar confianza en sus propias actividades. No debemos partir nunca más de etiquetar a los estudiantes ni por su desempeño ni por supuestos estilos de aprendizaje ni por coeficientes o diagnósticos que los limiten.

  1. Innova, reflexiona y vuelve a innovar.

De la misma manera que se dice que nadie se baña dos veces en el mismo río, nadie debería dar dos veces el mismo curso de la misma forma. Implementar un proceso de calidad o excelencia en nuestro trabajo supone innovar nuestra docencia. No se trata de cambiarlo todo de un período a otro, pero sí de no dejar pasar la oportunidad de realizar cambios en los contenidos, metodologías o herramientas de apoyo de nuestros cursos. La reflexión sobre los resultados permitirá dimensionar el impacto de la innovación para mantenerla, ajustarla o remplazarla por un nuevo cambio. Si además realizamos estas innovaciones y reflexiones junto con otros docentes, estaremos asegurando no sólo mejores resultados, sino que nos sentiremos más satisfechos con el efecto de nuestro trabajo y seremos fuente de inspiración para nuestros estudiantes y colegas.

Sergio Dávila Espinosa
Twitter: @sdavilae

21 de marzo de 2022

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