TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN… ¿HABILIDAD O RIESGO?

Los seres humanos somos susceptibles a un gran número de emociones a las que nos enfrentamos dependiendo de los factores que vivimos diariamente, en el ámbito laboral, es muy común experimentar muchas de ellas, ira, emoción, nerviosismo, alegría, orgullo, culpa satisfacción y podríamos seguir, porque el ejercicio profesional es una aventura, una constante dosis de adrenalina que tiene altas y bajas.

Uno de los sentimientos más frecuentes que se presentan en el día a día de cualquier profesional es La Frustración, que es un estado emocional que se desencadena ante acontecimientos que involucran la sensación de no satisfacer las expectativas, así de sencillo lo vamos a definir, porque la frustración en realidad es el sinsabor que experimentamos cuando no se logra cumplir con las expectativas del círculo que nos rodea, pero principalmente las expectativas personales.

Los seres humanos nos enfrentamos a situaciones de frustración desde la infancia, desde que experimentamos el deseo de satisfacer de forma inmediata nuestras necesidades fisiológicas básicas como la alimentación y el aseo personal, dormir, entre otros, pero al paso del tiempo se van desarrollando otras necesidades que tienen que ser satisfechas, pero conforme vamos creciendo, descubrimos que no podemos satisfacer todas  de forma inmediata, sino que comprenden tiempos de espera  o circunstancias que nos permitan la satisfacción de estas necesidades, a esta sensación de espera, se le conoce como Frustración y con el paso del tiempo vamos aprendiendo a vivir con ella, a manejarla, a esta capacidad se le conoce como tolerancia a la frustración.

Esta tolerancia, si bien, es una habilidad que todos desarrollamos en distinta medida, es un diferenciador muy importante en nuestro perfil laboral, ya que nos permite mantenernos bajo control ante grandes niveles de presión a los que la dinámica profesional que las exigencias empresariales nos imprimen, un “garbanzo de a libra” que muchas empresas buscan y privilegian cuando reclutan talento.

Desde el punto de vista del reclutador, una persona que tiene alta tolerancia a la frustración, es un recurso capaz de afrontar y resolver problemas ante situaciones adversas, con recursos limitados y diversas complicaciones sin caer en desesperación o desmotivación, pero lo más importante, sin perder la capacidad de ser eficiente y productivo, es una actitud, que como tal, debe ser trabajada y desarrollada, encontrar un recurso que la haya llevado a un alto nivel es algo que las empresas suelen valorar mucho.

Pero como todo, los extremos son malos, esta actitud, tiene también su parte negativa, ya que al ser una cualidad que se caracteriza por la capacidad de “poder con todo”, permite que alrededor de este tipo de personas se asuma que siempre se les puede pedir más, delegar más, un pendiente más ¡no creo que sea demasiado!

Sin embargo, llevar esta tolerancia al límite, sin duda alguna cobrará factura y el costo ¡será alto¡, primero hablemos de la parte física y mental, es difícil mantener un estado de salud equilibrado, las largas jornadas, las preocupaciones, horarios complicados de comida, entre otras cosas, sin olvidar el nivel de estrés minarán la salud, en algún momento los padecimientos comenzarán a aparecer, por lo que lo recomendable es hacer un check up medico periódicamente para asegurarnos de que la salud va bien ante la presión.

Laboralmente hablando este “exceso” tiene un nombre, es conocido como Síndrome de Burnout o “Síndrome del trabajador Quemado”, el cual hace referencia al estrés laboral crónico, que volviendo un poco a lo que comentábamos en el párrafo anterior, se manifiesta con agotamiento físico y mental que se prolonga en el tiempo y llega a alterar la personalidad y autoestima del individuo.

Esto no es de un día a otro, déjenme decirlo de una forma coloquial, no se quema a un trabajador de un día para otro, este es un proceso en el que progresivamente se le van delegando más tareas al trabajador, más, un poco más y progresivamente el trabajador comienza a renunciar a su tiempo personal cada vez un poco más, puede pasar en cualquier profesión y en todos los niveles jerárquicos de una organización.

En sus orígenes, el síndrome del trabajador quemado fue identificado en mayor medida en aquellas profesiones que están en relación con el trato al público y clientes (denominado también exposición social). Sin embargo, puede darse en cualquier ocupación ya que hay un mayor riesgo de padecer el síndrome de burnout cuando existe una gran discrepancia entre las expectativas laborales del trabajador y la realidad de las tareas a las que se enfrenta día a día, o existe un ambiente laboral con exceso de tensión, degradado y/o con relaciones laborales manifiestamente conflictivas.

¿seguro que no lo padeces?, veamos cuáles son sus principales síntomas.

AGOTAMIENTO FISICO Y MENTAL GENERALIZADO

¿No te ha pasado que van pasando los días y empiezas a perder energía?, esto puede tener impactos físicos y mentales;

Señales de agotamiento físico: fatiga crónica, aumento de peso o bien pérdida de apetito. También puede reflejarse en la aparición de alteraciones psicosomáticas como dolores musculares, migrañas, problemas gastrointestinales y, en el caso de las mujeres, desregulación del ciclo menstrual.

Señales de agotamiento mental: el estrés y la ansiedad son los principales protagonistas que preceden al síndrome del trabajador quemado. Es más, el burnout se alimenta de ambos, además de tener relación con la aparición de trastornos adaptativos, relacionados con el estrés, la ansiedad, la depresión y el insomnio.

¿EMPLEADO REBELDE? O QUEMADO… INDIFERENCIA Y DESAPEGO

El Síndrome de Burnout produce un cambio en el comportamiento del trabajador que lo sufre, éste adopta una actitud de indiferencia y desapego, incluso de cinismo, lo que puede ser interpretado por los jefes como actos de rebeldía, pero no es así, no es que haya una falta de interés o compromiso con su equipo o con su empresa, es una manifestación de la excesiva carga de estrés a la que está sometido, que se manifiesta con un exceso de irritabilidad y endurecimiento en el trato con el entorno que le rodea, jefes, compañeros, usuarios, clientes, etc.

DECENSO EN LA PRODUCTIVIDAD LABORAL Y DESMOTIVACIÓN.

Generalmente este punto es consecuencia del anterior, las constantes fricciones con jefes y compañeros empiezan a generar un ambiente de constante tensión y desapego, que hace que el colaborador se sienta desmotivado, rechazado o simplemente no reconocido al verse sumergido en una gran pila de pendientes. Todo esto forma un gran circulo vicioso que termina en muchas ocasiones en un despido o una súbita renuncia que pudo muchas veces ser evitada si se pone atención en las cargas laborales que se ponen sobre cada colaborador.

Ahora bien, jefes, patrones, empleadores, líderes de equipo, es hora de reflexionar.

Es muy importante que analicemos las cargas de trabajo que ponemos en los hombros de cada uno de nuestros colaboradores, si bien, no todos tienen el mismo potencial, la misma capacidad de tolerar la frustración, no todos responden igual ante situaciones adversas o incluso, no en todos depositamos la misma confianza, podemos estar “quemando” a nuestros mejores recursos, aprendamos a mantener el equilibrio en nuestros equipos para obtener lo mejor de cada uno de nuestros colaboradores.

Es también importante la empatía, ese empleado con síndrome de Burnout¸ dio lo mejor de sí, se esforzó, quiso demostrar, ayudar, sobresalir y ahora está pagando el precio de una carga de trabajo y estrés que tal vez no solo se reduce al ámbito laboral sino en su salud y vida personal, seguramente él también está luchando por ser el empleado que era antes de quemarse, de ser visto reconocido y valorado por ti, antes de que comenzara a quemarse, ¿lo has pensado?

Estoy seguro que podemos seguir siendo eficientes audaces y productivos perder el equilibrio, ¿Qué dices?

No olvides que todos somos personas antes que empleados.

Ing. Saúl Sánchez Ruiz

Tecnólogo.

@SaulSanchezRuiz

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