INNtenseando: Las ideolografías de Marx

Las infografías son un medio de comunicación muy utilizado actualmente. Su composición visual atractiva aunada a textos cortos o frases poderosas permiten comunicar información de manera sencilla y eficiente. Nuestro cerebro, diseñado para optimizar energía, tiende a ahorrarse el trabajo de analizar críticamente su contenido y muchas personas no sólo lo dan por cierto, sino que las reproducen profusamente. Así como antiguamente considerábamos verdad todo lo que se encontraba publicado en los libros, pues pocos consideraban que podrían existir en ellos mensajes erróneos o tergiversados, hoy se tiende a creer aquello que se publica mediante este recurso, especialmente si se le añaden elementos que le conceden autoridad como gráficos, porcentajes o logotipos de agencias especialistas en el tema.

Sin embargo, por ignorancia o dolo, por medio de infografías se puede difundir un mensaje incompleto y simplista, o sesgado y falaz. Existen numerosos ejemplos que difunden mensajes cuestionables, lo mismo para promocionar las cualidades de tomar café, para comparar las fotografías anteriores y posteriores al uso de un producto milagro, y en la encarnizada lucha política actual para comparar los peligros o beneficios del Tren Maya, entre muchos otros temas polémicos.  

La educación no está exenta de la difusión y adopción acrítica de infografías y otros elementos visuales simplificados. En los cursos de formación y actualización docente nunca falta la diapositiva que compara los beneficios de la educación moderna contra la educación tradicionalista o el rol del docente del pasado contra el del siglo XXI. El problema es que al empaquetar un mensaje usando como vehículo la infografía no hay lugar para la discusión o el debate. Tampoco hay espacio para matizar o explicar el sentido de las afirmaciones contenidas; y así, pueden volverse virales y los mensajes instalarse en la memoria de los profesores con la misma facilidad que los memes, o las fake news.   

El pasado martes vimos con sorpresa que Marx Arriaga, responsable de la elaboración de libros de texto gratuitos y de las asambleas de análisis del plan y programas de estudio, se apersonó en la mal-llamada conferencia de prensa matutina de la presidencia de la república para presentar las características del nuevo modelo educativo que se pretende implementar en la educación básica a partir del próximo curso, a pesar de que aunque faltan menos de cinco meses para su arranque, aún no se ha presentado ningún documento terminado que lo explique con certeza y aclare las interpretaciones que se han dado en las redes sobre la desaparición de los grados escolares, las asignaturas o sobre la “autocalificación” de los estudiantes a partir de documentos de trabajo.

Dos cosas llamaron poderosamente la atención y se siguen comentando: la primera fue la ausencia de la responsable de la secretaría de educación pública, la Mtra. Delfina Gómez Álvarez, a quien el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ratificó su responsabilidad por retener el 10% del salario de cientos de trabajadores públicos de Texcoco, donde ella fue presidenta municipal y que terminaron costeando la formación del partido Morena. Y la segunda fue el empoderamiento del controvertido Marx Arriaga quien micrófono enfrente y siguiendo el estilo de la casa, se dedicó a fustigar el Modelo Educativo aún vigente con todos los adjetivos que le vinieron a la mente; así como a prometer que a partir del próximo ciclo la educación nacional se convertiría en una utopía comunitaria alienada y alineada a la visión política e ideológica de la tercera alternancia (3A).

Ya muchos colegas se han dedicado a analizar la trayectoria de este servidor público, así como a la beligerancia de su diagnóstico sobre la educación nacional, culpando claro está, a los gobiernos anteriores y a la injerencia extranjera de la instauración de un modelo educativo neoliberal que provocó las numerosas y profundas deficiencias que todos conocemos. Lo que a mí me llamó más la atención y es a lo que quiero referirme en esta entrega es a dos infografías que el llamó “cartelitos” que presentó en la pantalla-paredón y que después distribuyó por redes sociales.

La primera de ellas se titula “Competencias: Educar para competir” y en ella arremete con pequeñas frases para desprestigiar el modelo educativo vigente. El embate inicia con el título pretendiendo que la sociedad le compre la idea de que el enfoque de desarrollo de competencias significa poner el foco en fomentar la competitividad, injusta y dispareja en los diversos contextos del país. Señala que los docentes promovemos desde el aula la explotación humana y de recursos naturales, la reproducción del sistema neoliberal, la formación de mano de obra barata y la meritocracia con miras a la privatización de la educación. Es así que esta infografía, más bien se trata de una ideolografía que busca legitimar la destrucción, que no la mejora de un modelo, para instaurar en su lugar otro, sin necesidad de justificación didáctica, pedagógica o filosófica.

Durante muchos años me dediqué a trabajar con docentes de diversos lugares de la república, niveles escolares y modalidades para la comprensión y aplicación del enfoque de desarrollo de competencias desde un enfoque que trascendiera la instrumentalización acrítica. Y aunque algunas diferencias existían en la noción que tenían sobre el concepto de competencia, en más de una década sólo encontré a una maestra que de inicio pensaba que “Educar en competencias” significaba preparar a los estudiantes para competir. Aunque con diferencias y deficiencias en la implementación del enfoque, no me cabe ninguna duda que la inmensa mayoría de los profesores sabe que el objetivo es formar alumnos competentes, en lugar de competitivos. Sabe que las competencias en el terreno educativo surgen del verbo competer y no de competir. Me cuesta trabajo pensar que una confusión como esta en un funcionario de la SEP con experiencia docente, pueda ser producto de un error.

La segunda ideolografía de Marx Arriaga se titula “Compartencias: Educar para compartir” y en la que se colocan características idílicas como el fomento a la lectura crítica, desarrollo y formación del pensamiento crítico, recuperación de la memoria histórica y donde el docente deja de ser reproductor de políticas neoliberales para convertirse en líder comunitario que trabaja articulando proyectos de los estudiantes con la comunidad en la que vive.

Por supuesto que no se especifica cómo se logrará esta utopía, pero al replicarse esta imagen se refuerzan las ideas para instalarse en la sociedad asumiendo que antes de este gobierno y por culpa del enfoque de desarrollo de competencias, los maestros nunca hemos fomentado el pensamiento crítico, el humanismo, la sostenibilidad o el respeto a la diversidad. Nada más ingrato e injusto con el trabajo habitual de la mayoría de los docentes del sistema educativo nacional.

Se rumora que es inminente y cosa de días la renuncia de la secretaria de educación y su ausencia en la presentación de este bodrio, así como su persistencia para aplazar su comparecencia ante diputados, parece confirmarlo. Algunas voces señalan que Marx Arriaga podría ser el encargado de sustituirla. En los nombramientos presidenciales todo puede pasar, pero poner la educación nacional en manos de este personaje, sería como poner la iglesia en manos de Lutero. Al tiempo.

Sergio Dávila Espinosa
Twitter: @sdavilae

2 de mayo de 2022

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2 de mayo de 2022

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