DE PESOS Y CONTRAPESOS: «Las bravuconadas de López.»

Del «al diablo con las instituciones» en campaña, al «a mí no me vengan con que la ley es la ley» en ejercicio de gobierno.

Durante toda su vida, López Obrador fue un agitador social y eterno crítico del sistema político mexicano y sus instituciones. Tomó pozos petroleros, carreteras y avenidas. Como jefe de gobierno de la Ciudad de México, desacató un mandato judicial que le ordenaba suspender una obra pública, amparado por el dueño de un predio que resultó afectado por dicha obra.

Este evento generó una intensa lucha de las autoridades competentes por su desafuero; su desacato y desprecio por los Poderes del Estado lo resumió en aquella frase histórica: «al diablo con las instituciones«, que lo etiquetó como enemigo de los Poderes de la Unión y «un peligro para México».

Posteriormente, inició su campaña por la Presidencia de la República, que perdió ante Felipe Calderón por un margen menor a un punto; se inconformó argumentando fraude y se plantó en la Avenida Reforma, afectando a cientos de comerciantes y empresarios de la zona durante tantos meses, que cuando finalmente se retiró éstos ya se habían declarado en quiebra.

Estas acciones culminaron con el intento de impedir que Felipe Calderón tomara posesión ante la Cámara de Diputados, pero el mandatario entrante ingresó por un acceso distinto que lo llevó directo a la Tribuna. Acto seguido, López se declaró «presidente legítimo» e integró un gabinete alterno; continuó su campaña en busca de la Presidencia de la República, recorriendo el país con la semilla de la polarización en la mano; y de manera permanente, siguió atacando a la derecha mexicana y sus miembros más destacados.

Perdió estrepitosamente contra Enrique Peña Nieto con un amplio margen; no tenía ya argumentos para llamarlo fraude electoral y continuó su campaña prolongada en busca del máximo cargo de la nación durante otros seis años. Por fin logra su objetivo derrotando en las urnas al panista Ricardo Anaya Cortés, al priísta José Antonio Meade y a Jaime Rodríguez Calderón «El Bronco»; el día primero de diciembre de 2018 tomó protesta ante el Congreso de la Unión, convirtiéndose en el presidente de México número 67.

Una vez que tomó las riendas de la nación, hace promesas complejas y realiza actos de gobierno polémicos avalados por el Congreso de la Unión, tales como desaparecer los fideicomisos; esto le trae múltiples señalamientos que lo impulsan a agredir a sus críticos acusándolos de neoliberales, corruptos, chayoteros, resentidos por su pérdida de privilegios y traidores a la patria. Los expone al escrutinio de sus adeptos, generando división social. Hay mexicanos buenos y mexicanos malos; los que no están con él son perversos y el mal de México, los que permanecen con él son los salvadores de la nación y de la «democracia».

Ataca a los niños con cáncer, a los concesionarios de las guarderías infantiles, a las feministas, los artistas, empresarios, a los ricos, la clase media, periodistas, políticos de oposición, científicos, a la UNAM, el INE, intelectuales, médicos, ingenieros, a quienes estudiaron en el extranjero, jueces y magistrados, a los ex presidentes y últimamente arremetió contra la comunidad judía y otro adversario peligroso: la Iglesia católica.

El catolicismo cuenta con más de cien millones de fieles y está en todos los rincones del país; no hay comunidad o concentración humana establecida sin un templo para el ejercicio de su fe; la influencia de los presbíteros, obispos y el Papa Francisco es tal, que basta recordar la Guerra Cristera mexicana y su posterior agrupación política derivada en el sinarquismo –recordemos su dominio entre los habitantes de la zona del Bajío, en su momento-. Un conflicto de esa naturaleza no le conviene a López porque su derrota es inminente, el pantano que cruza esta vez sí manchará sus alas.

Al primer mandatario solo le quedan como aliados el sector de la población que apoya con programas sociales, y sus incondicionales que ocupan puestos en el gobierno; ese 85 por ciento que lo respaldaba al inicio de su gestión ha disminuido y hoy fluctúa entre el 53 y el 60 por ciento.

Por cierto, viene la etapa más crítica, la temporada de definiciones, ¿quién será el o la aspirante a sucederlo en su partido? El proceso de sucesión, definitivamente dejará heridas difíciles de sanar entre los morenistas. Los pesos y contrapesos en este complicado juego de estrategias, serán vitales a mediano plazo.

Por: Raúl Paulín Rojas

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