INNtenseando: 3 desafíos para los maestros.

El inicio de un nuevo curso escolar siempre representa en sí mismo una nueva oportunidad. De la misma forma que cuando nuestros alumnos encuentran una motivación al iniciar un cuaderno y encontrarse frente a frente con una hoja en blanco proponiéndose “esta vez sí” llenarlo con buena letra, respetando los márgenes y cuidando que no se maltrate; de la misma forma, cada año escolar que inicia en el interior de cada maestro hay una o más intenciones de hacer mejor nuestro trabajo, que nuestros alumnos obtengan mejores resultados, ser más pacientes con los padres de familia o estudiar un diplomado o posgrado para actualizarnos.   

Sin embargo, muchas veces esas motivaciones se van perdiendo con el paso del tiempo. De pronto los cuadernos se empiezan a llenar con diferente color de tinta, sin cuidar la caligrafía y hasta pierden hojas como producto del maltrato a que se someten. De forma análoga, los buenos propósitos del docente se ven sepultados por la insatisfacción y la cotidianidad.

¿Qué es necesario entonces para mantener la motivación? De acuerdo con Rosana Fernández Coto, hay un circuito cerebral que explica la motivación intrínseca y sostenida. Lo podemos recordar como estrategia mnemotécnica con el acrónimo: DAS. Cada letra indica una etapa del ciclo, así como el neurotransmisor responsable de la misma.

D: Desafío. Por naturaleza el ser humano se inclina hacia los retos o desafíos. Aquellos que consideramos están a nuestro alcance nos mueven a realizar un esfuerzo para alcanzarlos. Es el secreto detrás de un pasatiempo como los sudokus, crucigramas, ganar un juego de ajedrez o futbol, resolver un problema matemático o preparar una exposición sobre un tema. Cuando nos enfrentamos a un desafío nuestro cerebro segrega dopamina el neurotransmisor responsable del placer y es la razón por la que disfrutamos hacer propósitos cuando visualizamos de manera anticipada un éxito.

 A: Acción. Pero no basta con identificar lo que queremos lograr, hay que dar ese primer paso que no cuesta tanto trabajo como el segundo, el tercero y los que siguen. Hay que trabajar para lograr resolver o crear aquello que nos propusimos. Nuestro neurotransmisor aliado es la adrenalina, responsable de mantener nuestro cuerpo en disposición para la lucha o fuga provocada por condiciones de peligro, pero que cuando nos sometemos a una presión que no sea excesiva nos llena de energía para mantenernos en acción. La sensación de la adrenalina nos hace perder incluso la percepción del espacio y tiempo como cuando un grupo musical está interpretando sus temas ante un público o mientras un corredor recorre sin parar varios kilómetros.

S: Satisfacción. Finalmente, cuando se termina la acción y se ven los resultados de aquello que nos había desafiado, experimentamos una gran satisfacción por el logro obtenido. El neurotransmisor responsable de esta es la serotonina, que provoca la sensación de bienestar. Y como no hay mejor reforzador del éxito que el mismo éxito, aquí surge la idea de volver a empezar el ciclo, proponiéndonos un nuevo desafío.

Por ello, ante este nuevo ciclo escolar, quiero proponer tres grandes desafíos a mis colegas. Desafíos que espero nos provoquen ponernos en acción y nos llenen de satisfacción.

Primer desafío: Reconstruir hábitos escolares.

Por fin ha llegado el momento en que al parecer podremos iniciar y continuar el ciclo escolar de forma presencial con la totalidad de los estudiantes inscritos. Mucho se ha hablado de la pérdida de conocimientos provocada por la pandemia, esto desde luego es al menos cuestionable pues en nuestro país no hay diagnósticos serios que puedan medir y por tanto comparar este déficit, no con respecto al plan de estudios, sino con respecto a las generaciones anteriores a la pandemia. Quizás nos llevaríamos una sorpresa.

Yo prefiero centrarme en lo que es evidente para cualquiera de quienes ahora trabajamos con niños y adolescentes. El trabajo escolar implica hábitos que se construyen y desarrollan con paciencia y constancia, pero que se pierden de manera acelerada cuando los procesos se ven interrumpidos. Así como construir un hábito saludable en la nutrición, la actividad física o la higiene del sueño requiere de repetición constante por 21, 42 o 63 días, estos pueden perderse con un fin de semana de abandono. Cualquiera que haya hecho una dieta o propósito de ir periódicamente al gimnasio sabe de lo que hablo. Por la pandemia, tanto durante el año que estuvieron totalmente a distancia, como en el ciclo pasado en que a veces iban a la escuela y a veces no, abandonaron hábitos como el del descanso nocturno adecuado para levantarse, asearse y trasladarse a la escuela de manera asidua y puntual. Abandonaron el hábito de tomar notas en clase, de llevar una planeación o agenda de tareas, de mantener su atención focalizada a las explicaciones del maestro por más tiempo del que lo hacían en casa, respetar su turno para hablar y respetar a las opiniones de sus compañeros, así como contenerse de usar el celular o alguna otra tecnología diseñada para promover una adicción a la consulta constante, al entretenimiento y a la comunicación inmediata.

De poco sirve averiguar si los chicos manejan la regla de tres o son capaces de dividir sin usar calculadora, sino colocamos los cimientos de los hábitos de estudio primero.

No es una exageración decir que, en formación de hábitos, los maestros partimos de cero. No sólo debemos volverlos a construir con paciencia y perseverancia en nuestros estudiantes, sino también recuperar los nuestros, que habrá que reconocer sin pudor, también fueron seriamente trastocados durante el tiempo de la escolarización remota y el de la escolarización intermitente.  

Segundo reto: Permeabilidad y resistencia ante los cambios curriculares.

Aunado a la reconstrucción de hábitos escolares, los maestros enfrentamos el desafío de prepararnos a una inoportuna y cuestionable modificación del marco curricular, planes de estudio y libros de texto para la educación básica. Una modificación que nadie pidió, que nadie necesitaba, que nadie justificó y que además parece diseñada para confundir más que para orientar el trabajo de los maestros y la participación de la sociedad en la tarea educativa.

No es que los maestros seamos resistentes al cambio sólo porque sí, es que la experiencia nos ha enseñado que los gobiernos en turno buscan reformar la educación sin reconocer ni evaluar los aciertos de las administraciones anteriores. Los maestros sabemos que la educación es utilizada sin pudor en la retórica del poder.

Por ejemplo, hoy la SEP ha publicado en redes sociales promocionales que dicen “Los docentes son los héroes de las escuelas, por eso el modelo educativo se transformó para darles la libertad de resignificar los contenidos de los programas de estudio”. Ya nos la sabemos, héroes sin capa y sin presupuesto. ¿De verdad alguien en la SEP piensa que los maestros no resignificábamos los contenidos en la reforma peñanietista o en las anteriores? ¿De verdad nos piensan como simples reproductores de instrucciones que ahora por fin nos sentimos liberados?

Es por esto que los maestros debemos dedicar tiempo a analizar la tensión entre el nuevo plan de estudios que privilegia centrarnos en las comunidades locales y la realidad que nos exige conocer las tendencias mundiales y globalizantes. ¿Quién decidió por nosotros y por nuestros niños que debemos rechazar un extremo para adoptar el otro?

Debemos dedicar tiempo a descifrar la Babel de los conceptos incluidos en el plan de estudios para resignificarlos, como ellos dicen, a nuestra práctica: comunidad, fases, campos formativos, saberes, diálogos, compartencias, ejes articuladores; toman el lugar de otros conceptos que ya habíamos interiorizado y que ahora se introducen con una finalidad más sociopolítica que pedagógica. Debemos también preservar conceptos y prácticas satanizadas por la administración actual como desarrollo de competencias, calidad o evaluación estandarizada.    

Insisto, no se trata de negarse a reconocer que en toda reforma hay oportunidades de mejora, sino de caer en el juego de la simulación. Debemos asimilar lo valioso y resistirnos a aquello que va en contra de la esencia de nuestro trabajo y del interés superior de los niños que merecen prepararse al mundo real y no al que sueña el presidente y los incondicionales de la tercera alternancia.

Tercer reto: Tener altas expectativas y mentalidad de crecimiento.

Los estudios derivados de la evaluación PISA que tanto molesta a nuestras autoridades han demostrado la influencia que tiene la autopercepción en los resultados de aprendizaje. Aquellos chicos con un estado mental fijo, es decir que consideran que su inteligencia y sus capacidades son algo innato e inamovible, suelen tener resultados inferiores que aquellos que poseen una mentalidad de crecimiento, es decir que saben que lo que hoy saben o pueden hacer, mañana puede ser mejorado si se lo proponen.

A mí no se me dan las matemáticas”, “yo siempre he tenido mala letra”, “yo no soy bueno para ningún deporte” son expresiones que los maestros escuchamos con frecuencia en boca de nuestros niños o peor aún, de sus padres.

Está plenamente demostrado que altas expectativas conducen a mejores resultados, a los chicos y sus padres hay que enseñarles “el poder del todavía” ys reconstruir sus frases para que las interioricen. “Todavía no puedo despejar una ecuación, pero podré lograrlo”, “Mi letra todavía no es muy buena, pero puedo mejorarla”, “Todavía no lo hago muy bien, pero intentaré jugar futbol en el recreo y divertirme con los demás”.

De manera análoga, invito a mis colegas a revisar nuestra propia mentalidad ante la docencia. ¿Es fija o de crecimiento? ¿Pensamos que “no podemos hacer nada más por los estudiantes porque vienen con deficiencias o porque los padres o autoridades no nos apoyan”, pensamos que como estudiamos la normal y una carrera profesional ya no tenemos nada que aprender o no tenemos tiempo para ello? ¿O nos proponemos mejorar nuestro trabajo cada año, corrigiendo errores, innovando e incorporando algún recurso, técnica o estrategia que todavía no dominamos?

Desafío, Acción y Satisfacción; que se repiten indefinidamente mientras nos lo propongamos para mejorar nuestra docencia y bañar nuestro cerebro de dopamina y serotonina y sentirnos afortunados, felices y satisfechos durante todo el ciclo escolar.

Sergio Dávila Espinosa
Twitter: @sdavilae

12 de septiembre de 2022

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