DE PESOS Y CONTRAPESOS / Un espejo-portal para dos dimensiones: Ricardo Anaya Cortés y Napoleón Gómez Urrutia.

Por: Raúl Paulín Rojas

En los últimos días se ha desatado una polémica en medios nacionales, debido a las acusaciones de la Fiscalía General de la República en contra de Ricardo Anaya Cortés, por los presuntos señalamientos de Emilio Lozoya, ex director de Pemex, que busca el beneficio judicial de testigo protegido en el proceso que enfrenta por desvío de recursos. Aunque para hablar con justicia, la discusión mediática se debe principalmente a la intromisión del titular del Ejecutivo Federal en un tema meramente judicial, que no solo ha manchado la integridad de su investidura, sino que también ha vulnerado la autonomía y división de poderes, al sugerir al ex candidato presidencial del Partido Acción Nacional que se entregue, ya que un convicto inocente se viste de héroe y de dignidad, y fortalece el espíritu, mientras que el autoexilio es un acto de cobardía.

Esta declaración de López Obrador en el sentido de “aprobar” la encarcelación de inocentes, es un acto por demás preocupante, ya que violenta el principio de derecho garante de que toda persona es inocente hasta que el Estado demuestre lo contrario y representa un manifiesto de autoritarismo dictatorial. Una expresión de esa naturaleza en boca de un mandatario es tan peligrosa como violatoria de los derechos humanos.

Una vez hecha esa acotación, continuemos: A Anaya se le acusa de recibir sobornos entre 2013 y 2014 por conducto de Lozoya, que importan la cantidad de 6 millones 800 mil pesos procedentes de Odebrecht, empresa constructora de complejos petroleros. El inculpado acusa a su vez al gobierno mexicano de persecución política, como venganza por ser uno de sus principales críticos, señalando que López Obrador lo quiere encarcelar para evitar que sea candidato presidencial en 2024.

Ante esto, el presidente de la República afirma que el imputado debe presentar pruebas y hablar con la verdad, sentenciando que si Anaya huye pedirá a la Interpol lo ubique en alguno de los más de 100 países que tienen acuerdos de extradición con México y lo devuelva al país para ser juzgado. Este hecho tiene un símil en la historia reciente, aunque cabe aclarar que el reflejo es invertido cuando se trata de la postura Lopezobradorista, tal como si estuviese ante un espejo cóncavo: En 2005 se creó un fideicomiso por un monto de 55 millones de dólares a favor del gremio minero, gracias a la liquidación de una empresa del ramo. Esta cantidad quedó en poder del sindicato representado por Napoleón Gómez Urrutia, a pesar de que debió ser distribuida entre los trabajadores beneficiados.

Las auditorías e investigaciones al sindicato y su dirigente a propósito de esta irregularidad, resultaron en la presunción de que tal cantidad quedó en poder del representante minero, lo que dio origen a una serie de denuncias en contra de Napito -como es conocido Gómez Urrutia-, mismas que lo orillaron a autoexiliarse en Canadá. Desde entonces y hasta la fecha en que fue exonerado por la suprema Corte de Justicia, Napoleón Gómez enfrentó serias denuncias “de los ricos empresarios” a quienes acusa de servir a los gobiernos conservadores prianistas, ambicionar el poder político y económico, ejercer acciones sucias para acabar con la nación, ser avariciosos y el “remate”: con ellos iríamos a un abismo de consecuencias impredecibles y en definitiva no caben en el ejercicio gubernamental. Vaya retórica.

El hoy mandatario supremo del país simpatiza con el líder minero, y en su momento emitieron en conjunto incisivas denuncias mediáticas contra el gobierno en turno, relativas a la supuesta intención de hacer de Napito un preso político, así como de usar a la Interpol para sus mezquinos objetivos. Finalmente, Gómez Urrutia tomó la decisión de huir del país para escapar de lo que consideraron una injusticia gubernamental y durante los 12 años que duró el exilio del sindicalista, López hizo suya la causa asumiendo su defensa a ultranza.

Llegados los tiempos, Andrés Manuel registró a Napoleón como candidato plurinominal de Morena a Senador de la República en la primera posición, amparado en la presunción de inocencia. El mismo beneficio que hoy le niega a Anaya. No cabe duda que los CONTRAPESOS subsisten en ambos extremos de la geografía política y juegan como espejos tanto para la derecha como para la izquierda, solo es cuestión de esperar los tiempos de las alternancias políticas y permanecer atentos a los reflejos de la historia, reflejos que también se alternan como si de dimensiones invertidas de la realidad se tratara, o como si ante un espejo cóncavo estuviéramos.

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